Nikkei Life

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Vaya sorpresa la que nos llevamos. La dueña de esa inconfundible voz no era nada más ni nada menos que la profe Terumi. Ella era una joven voluntaria japonesa que había estado trabajando en Santo Domingo como profesora de Japonés, y con quien compartimos mucho durante su estadía en el país. Todos los dominicanos nos avalanzamos sobre ella, y casi la “ajogamos” del abrazote que le dimos. ¡No esperabamos verla tan pronto!

7:30 pm, luego de darnos santa jartura de comida japonesa y decente, nos ubicaron en las respectivas habitaciones. A mí me tocó con las canadienses Naomi y Julie, ambas muy chulitas y coquetitas. Me cayeron súper bien desde el principio, así que supe que no habrían mayores problemas. Al rato bajamos al lobbie para llamar a casa. Eso fue un mar de lágrimas, sermones, piques y estrés juvenil… una parte se puso melancólica homesick, otros hartísimos de las “ñoñerías de mamá” (entiéndase: Mija, cuídese mucho, pórtese bien, haga caso a sus profes, etc) y mis compañeros dominicanos con un pique full porque a falta de las maletas y la respectiva ropa no se habían bañado (seniore, más de 24 horas con la misma ropa..con un juye juye de aqui pa’lla…bueeeno).

9:00 pm, Estefanía viene asustá a mi habitación. Le pregunté qué había pasado y me dice que el conserje le había dado un bendito boche en Japonés y que ella no había entendido mucho. Voy a donde el señor y averigüo el caso. Resulta que ella andaba descalza por los pasillos (¡Dominicana al fin!) y él le había llamado la atención por eso. Yo le explico que ella no tiene chancletas ni nada de eso porque las maletas no llegaron y que le permitiera, pero nanaí, el hombre dijo que entendía pero que sin calzado no podía estar fuera de la habitación. No hubo de otra, ya teníamos más de 24 horas con los tenis y estabamos hartísimas y pico

5:00 am el sol ya anda molestando por la ventana. “Miee….” solo atiné a decir eso. Papi me había advertido que amanecía temprano, pero no pa’tanto. En fin, viré la cabeza pa’l otro lado y eché mi último sueñito hasta las 6 y algo. Pero conchale, acostumbrarme a que el sol me de en la misma cara a las 4:45 am?…Eso fue una odisea.

¿Qué pasó de ese día en adelante? ¿Llegaron las maletas? ¿Nos habremos quedado en cueros? Descúbralo en la siguiente parte de esta historia de la vida real…! 🙂

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(Viene de Japan’s Trip 1 – Si no lo ha leído, ¡vaya corriendo!)

– ¿Dónde está mi maleta con listón rosado? – dijo Kiomi.

-Wepa. Falta el mío. No me digan una vaina así… mierkina – Kenji.

– Ahora sí es verdad. Nos jodimos toitos. – Estefanía.

– Pos sí. No hay de otra, a notificar. – Yomima.

No sé si esto de que las maletas no lleguen junto con su dueño, sea cosa de todos los días, pero me frikió el hecho de que se perdieran todas mis ropas. Pero en fín, como yo era la que más japonés hablaba, tuve que lanzarme el mega trabajazo de informar que las maletas no habían llegado. Comenzaron las preguntas, y como la jeva del Narita no sabía inglés americano (entiéndase que ella hablaba inglés Australiano a mi entender, y bien machucao), entonces a mí me tocaba traducirle a los otros cuando no entendían, y también ocuparme de llenar mis propios formularios. La cuestión es que nos prometieron enviarnos las maletas en menos de 48 horas, así que no había de otra que esperar.

En el aeropuerto nos esperaban varios empleados de la JICA, así que estuvimos con ellos hablando un rato, mientras llegaban los otros becarios de Canadá, México, Colombia y Venezuela. Su vuelo se había retrasado y llegaron hora y media después del nuestro. Total, la espera no fue tan larga.

Cuando todos nos juntamos, nos motamos en el bus y en ese momento empezó la aventura oficilamente. Una hora más de camino hacia Yokohama, sede del Emigration Center, lugar donde nos quedariamos durante practicamente un mes completo.

Pero vaya lío se armó en el autobús. Un pobre chico Mexicano recibe una tremenda galletá (bofetada, en Español Internacional) por decirle “¡Niña, tú si estás cuero!” a una Dominicana. Sucede, pasa y acontece que en el país de los tacos y el mariachi, “cuero” es un término equivalente al “Tu si ta’buena” del español quisqueyano, mientras que aquí la misma palabra, tiene un sentido muy vulgar y despectivo. Así que ya se imaginarán, los japoneses se quedaron con la boca abierta cuando la chica en cuestión le ha dejado los cinco dedos marcados en el rostro de la víctima. ¡Ahh…las cosas del idioma!

Llegamos al center. Practicamente 50 personas estaban esperando nuestra llegada en el estacionamiento. Nos sentimos celebridades, porque hasta fotos nos tomaron mientras bajaos del autobús. Y… entre la multitud, se escuchó una voz muy “aplatanada”: Hasta que llegaron misijos… ya taba bueno de andarlos esperando. ¿Quién pensaba que veríamos a una dominicana en Japón? Pues fíjente que sí, y nos estaba esperando.

(To be continued…)


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