Nikkei Life

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Nuestra primera mañana en Japón: “Oh Dios esto será grande!”, me dije internamente cuando ya el solazo en la cara no me permitía seguir soñando en esa rica camita del Emigration Center.

Lo primero que tocaba era obviamente: baño! Gracias a Dios y a los sabios consejos de mi padre, yo tenía un cambio de ropa en mi bulto de mano, así que tuve la enorme satisfacción de ser la única dominicana que vió agua en unas qué? 36 horas? 😀 Lo único que no me gustó y nunca me acostumbré fue tener que verme en cueras con otras mujeres… yucks! Y más con el complejo que yo tenía en esos años hermosos de mi adolescencia. Pero bueno, ¿No todo es felicidad, verdad?

Más tarde nos entregaron todos los materiales necesarios para la beca: unifrome, itinerario, calzado, materiales gastables (cuadernos, lapiceros, etc) y un sinfín de manual de comportamiento y demás féferes “interesantes”. Las actividades eran muy variadas, por un lado aquellas clases con gran contenido cultural (Ceremonia de té, clases de Ikebana, clases de origami, caligrafía tradicional japonesa) y por otro lado, las actividades fuera del center, lo que incluía visitas a museos y otros lugares interesantes de Tokyo (Sea ParadiseTokyo Disneyland, Sony Bulding, Tokyo Tower, etc). Durante ese mes, además teníamos una semana de “Schooling Experience in Japan” en el que estudiamos en una escuela secundaria de Yokohama. ¡Demasiado estresante ser estudiante en Japón….comprobado! Pero la experiencia fue fascinante (Post sobre esto en particular más adelante). Y como si eso no fuera suficiente, otra semanita extra de “homestay” en el que cada becario se fue de visita a donde los parientes y familiares.  

Estudiar en el Junior Middle High, aunque sea por una semana, fue muy gratificante para mí. Claro, esto en un sentido. Como estudiante, me percaté de que el sistema educativo dominicano…con todo y defectos tiene algo que a ellos les falta: Variedad y diversión. Los estudiantes japoneses, año con año parecen más robots que simples jóvenes en formación académica. A los nipones se les ha olvidado que la escuela es un segundo hogar, no un laboratorio donde se crean genios y talentos superhumanos. Con todo y todo, ponerme el clásico uniforme de colegiala fue súper chulo. Hasta me sentí una de las Sailor Moon’s por momento! 😀

En mi homestay fui a Yamaguchi, donde los tíos abuelos y también a Hiroshima a visitar antigüos profesores a quiénes les di mucha carpeta durante su voluntariado en Dajabón. En Hiroshima me trataron como toda una reina, solo por el hecho de ser Dominicana. Los fanáticos de Hiroshima Carp son enfermos con los peloteros quisqueyanos, en especial Sammy Sosa, y al decirles que yo soy del mismo país de Sammy…bueno, hasta comida gratis me salía en los restaurantes. ¿Ven por qué les digo que con to’ y apagón es bueno ser de esta media isla? Por otro lado, allá en Hiroshima andé como un trompo, aunque lo que más recuerdo fue visitar el Parque de la Paz… un legado a la humanidad de que las bombas atómicas deben de ser erradicadas por completo de la faz de la tierra!

En fin, de este viaje me llevo recuerdos fascinantes e inolvidables. Momentos cómicos, tristes, alegres, melancólicos…un sinfín de sensaciones y emociones que hicieron de esas cuatro semanas un completo festín de experiencias maravillosas. Al prinicipio eramos once individuos diferentes, cargados de sueños y expectativas, extrañados de convivir durante un mes con perfectos desconocidos. Pero, ahh… el cariño y el afecto se hizo parte de nuestras relaciones. Al cabo de dos semanas ya eramos inseparables. Un tanto chistoso: empezamos llorando por estar un tanto “homesick”, terminamos llorando porque no queríamos separarnos. Así de especial son las relaciones, y más aún, esas que surgen en pleno apogeo de nuestra adolescencia.

Hace ya prácticamene siete años de este viaje, los chicuelos de 13 y 14 años hemos crecido en tantos aspectos, pero qué maravilloso es vernos juntos y recordar esos años como si fueran los mejores que hemos vivido. La amistad que nos unió en el 2001, sigue latente y con mayor fuerza. El reencuentro ha sido un tanto difícil, pero el chateo colectivo cada domingo por la tarde es un toque de queda. Es agradable saber que a pesar de todas las responsabilidades que cada uno pueda tener, todavía hay tiempo para dedicarnos aunque sea un “Hola” en el profile de Facebook, o en un sms internacional. Porque siempre estaremos unidos, por ser Nikkei’s y por ese inolvidable verano en Japón.

At Sankei Garden

¡Gracias JICA… Gracias becarios por tan buenos recuerdos!

P.S. – Ah..por si no lo dije: LAS MALETAS LLEGARON!

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