Nikkei Life

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Muchas veces hemos escuchado cuentos fascinantes sobre países lejanos, estrellas fugaces y niñaos felices.  Tanto que el cuento se transforma en deseo, y cada año, en la secreta inocencia otro niño más pide en sus oraciones que se repitiera en su vida, el milagro del regalo de la estrella. Pero los sueños crecen, los regalos y los deseos quedan en el adulto baúl de los recuerdos. La Navidad va y vuelve cada año con guirnaldas, luces y colores.

Pero la magia de los sueños nunca muere. Se adormecen a veces en un rincón olvidado de los años vividos, de los caminos recorridos, de los sinsabores y dolores, de las lágrimas y el llanto, de los escombros del naufragio. Y un día, se encuentra reflejada en el trabajo realizado, en las metas alcanzadas, en los momentos de tesón que empujan adversidades y temores. Así la encontré yo.

La encontré en los sinsabores de la vida, bordando cicatrices, pasando borrador a los rencores. No le fue fácil encontrarla. Tuve que levantar el vuelo de las luchas cotidianas, bordear las tempestuosas aguas de la rabia, caminar a tientas por el oscuro bosque de las frustraciones. Pero ahí estaba la estrella. Sin tocar. Intacta. Luminosa. Pura. Sólo entonces comprendi que la llevaba desde siempre.  Difícil de encontrar y largo tiempo para reconocerla.

La había llevado desde siempre cuando mi madre me enseñó a sonreír, en el abrazo solidario, en las calladas lágrimas que algunas noches corrían por mi rostro, en el fuego interior que calentaba la fuerza de mis días. Comprendi que los sueños se viven en otra dimensión. Que se incorporan a la realida de diferentes formas y maneras. Que para percibirlos, basta la quietud, el silencio y la paz interior. Que tienen destellos de mañanas tempraneras y de atardeceres de oro y sol. Que se pintan con los colores del mar y el encaje blanco de las olas los viste de ilusión.

Supe entonces que cada quien tiene una estrella, no en la frente, pero sí en el corazón. Brilla en la inocencia de los niños, en la mano que se tiende solidaria, en la canción que envuelve los recuerdos, en el saludo de una desconocida, en las manos que trabajan, en la espalda que se inclina, y en las pequeñas cosas que nos rodean. Una estrella que vive de la fe y se nutre de esperanzas. Una estrella alimentada de amor. Una estrella que acompaña en el diario vivir, en cada ilusión, en cada deseo.

Los sueños, como los regalos de Navidad, renacen una y otra vez hasta hacerse realidad. Como la Navidad, van y vienen, vuelve con nuevos ropajes. Se duermen, se despiertan, cuando menos los esperamos. Son traviesos, jugetones, frágiles como burbujas de jabón y recurrentes como los cuentos infantiles. Como si una madre amorosa se encargara de alimentarlos y cuidarlos para que no se pierdan en la cotidianidad que nos abruma.

Por eso, esta Navidad y siempre quiero soñar que no hay límites para mis sueños. Gracias a ti HZ,  por recordarme que es válido, que sí se puede, que nada me puede detener.

 

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Abuelita me dijo en una ocasión: “Todos somos seres de luz. Somos radiantes, los demás nos encuentran gracias a esa luz. Pero de nada sirve que seamos seres iluminados, si no somos capaces de guiar a los demás que están en medio de la oscuridad”.

Sus frases siempre acertadas me han servido en muchos momentos de mi vida, y siempre llevo conmigo cada uno de sus consejos.

Entrando en tema, he estado hablando últimamente con dos personas (Engels y Rui)  sobre uno de mis grandes anhelos desde siempre: Diplomacia. ¿Qué es lo que tiene la diplomacia que tanto me llama la atención? El mero hecho de pensar por un solo instante que puedo ser el puente de unión entre dos culturas, entre dos naciones tan distintas como iguales y poder suscitar los mecanismos necesarios para promover intercambios de toda índole, hacen que mis ojitos brillen sin parar.

Mi primer contacto con la diplomacia, o mejor dicho con un diplomático, fue cuando conocí al Sr. Masato Akazawa, ex Embajador del Japón en R.D. durante los años 1998-2002. Una persona muy amable y jovial, pese a que rondaba los 50 años o más en ese entonces. Tuve la oportunidad de que justamente él evaluara mi nivel de japonés en un viejo concurso de oratoria, y precisamente mi tema era “Puente de amistad”. En esa ocasión hablé sobre mi gran anhelo de ser el puente que permita una mejor comprensión y unión entre la comunidad dominicana y japonesa. En el acto de premiación, tras entregarme el pergamino de primer lugar me dijo: “Me gustaría verte en Japón, cuando estés laborando en la Embajada Dominicana, contáctame por favor”.

Hoy en día aún mantengo comunicación con él. Siempre me envía artículos relacionados a política internacional y relaciones bilaterales. Akazawa-san, como le suelo llamar, no deja de motivarme a seguir mi sueño de convertirme algún día en Embajadora de la Rep.Dom. en el país de Sol Naciente. Claro, también me recuerda lo mucho que debo de estudiar y el gran número de dificultades que encontraré en mi camino…pero ciertamente es algo que con gusto enfrentaré, si es con ese objetivo final de ver mi sueño hecho realidad.

En poca ocasiones he hablado tan abiertamente de este tema, pero tras participar en el Vibra Joven – Convención Nikkei América Latina del 2008, mi pasión por esa área de las ciencias humanas han aumentando considerablemente. Sé que es difícil. Más aún en un país tan “politiquero” como el nuestro, en el que muchas veces no valen la pena los conocimientos, más bien la clase de “contactos a nivel interno de gobierno” que se puedan poseer … pero nada pierdo preparándome para ese fin.

Veo con ansias que llegue el momento en el que graduada de la universidad, pueda dirigirme a Santo Domingo y laborar de lleno en la Embajada Japonesa, donde espero tener mi primer contacto aunque sea de lejitos con el fascinante mundo de la diplomacia. Sé que es difícil, también sé que las posibilidades de que lo logre no están del todo a mi favor… pero nada me detendrá y si no lo logro, es porque Dios tiene algo mejor para mí.

Termino con esta frase que se convirtió en el favorito de muchos tras la Convención Internacional de Jóvenes Nikkei 2008 “Vibra Joven”, organizado por la OJN Internacional.

“Permíteme ser un puente, pequeño pero seguro, en el que las naciones puedan detenerse a contemplar lo maravilloso que es una relación pacífica y cordial. Un puente que acorte las distancias culturales y que permita a los ciudadanos de nuestros países darse la mano y vivir como hermanos. Quiero ser puente de amistad, por los míos y por ellos, porque todos merecemos compartir con los demás”. – Vibra Joven 2008 @ Tucumán, Mex.


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