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Estos y Aquellos

Se nos crea un mundo falso
Entre músicas con letras
Una cajita de imágenes deformadas.

Nos creemos vivir como se nos dice.
Entre páginas bonitas de revistas baratas.

Viviendo al ritmo de las líneas
Aquellos melancólicos delirantes
Crean el mundo a su favor
Olvidando daños a terceros.

Ideas creadas donde jamás existirá la realidad.
Verdades distorsionadas por periódicos chismosos.

Se nos crea un mundo falso
En campañas pagadas sutilmente por todos.
Para decir verdades a medias
O solo palabras bonitas mientras nos hacen la camita.

La iglesia y sus fanáticos por otro lado
Se mantienen a salvo entre sus paredes
Y acá afuera todo es una jungla de locura.
Solo se ponen de acuerdo
Para protestar a todo aquello que no va con sus principios.
Solo porque desconocen y no están abiertos a conocer.

Todo es un monopolio entre este mundo
La politiquería y la religión.
El tan aclamado Hollywood y su proyección.

Unos por el “amor”, otros por la “paz”
Y tantas otras cosas que nunca llegan a nada.
Unos con sus conclusiones inconclusas
Y nosotros aquí aún esperando.

Esperando un no sé qué!

Tania Mukai

25 / 07 / 2003

Imagen: El Silencio de Los Borregos

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-Manito, mira ese niño. ¡Qué mongolo!

-Ah sí… el “loco” ese. Vámonos de aquí.

 Fue una conversación que escuché entre dos hermanitos del barrio, refiriéndose a un niño con visibles problemas genéticos (asumo que será Síndrome de Down, pero no estoy segura) que jugaba dentro del carro con otro niño un poco mayor, me imagino que será un hermano o un primo.

Los desórdenes genéticos pueden causar grandes problemas neurológicos y motrices en el ser humano. Y, en nuestro país, año con año ha venido aumentando la cantidad de niños nacidos con mal formaciones genéticas. Una de las causas mayores, es el embarazo de adolescentes, las cuáles no poseen un sistema de reproducción adecuado para llevar a feliz término un embarazo.

Pero el punto no se trata de que si las madres son menores de edad, o sobrepasan los cuarenta.  Porque eventualmente, nacerán de algún modo niños con malformaciones, y ni modo que los echen a la basura solo porque “no está bien”.

El principal problema, a mi entender radica en dos aspectos principales: oportunidad de desarrollo y conciencia social. En la primera, están involucrados, tanto el sector público como el privado. En el país se pueden contar los escasos centros especializados en los que estos niños y sus familias puedan recibir atención como es debido. Los pocos que hay son bastante costosos y no todos son beneficiados. Los centros educativos especiales son escasos, y los pertenecientes al sector público pues… ni para qué les cuento. Salud y educación limitados. ¡Qué panorama les espera!

 Pero suponiendo que estos adquieren cierto grado de adiestramiento, viene el siguiente problema: incursionar en el mundo laboral. Los que pocas personas conocen es que las personas discapacitadas físicamente e incluso aquellos con cierto grado de problemas a nivel neuronal, pueden realizar labores de oficina tan bien o mejor que muchos de los que nos jactamos de ser “normales”.  Muchas empresas niegan oportunidad de empleo a personas con cierto grado de discapacidad, solo por meras superficialidades. Sin saber el potencial que muchos encierran en esos cuerpos y cerebros “distintos”.  Para qué contarles las burlas y rechazos que sufrirán a lo largo de su vida… solo por su “condición”.

No sé si ese niño sea de los pocos agraciados, de esos que son bendecidos con educación digna y seres amorosos que hagan de su mundo un lugar lleno de paz. Ojalá y sea de esos… en Dios espero que sí.

¡Gracias Dios por el cuerpo que me has dado!

¡Gracias Padre por tus Bendiciones! 

Somos un país de grandes contrastes. Con lo pequeño que somos, tenemos de todo. Valles y montañas, ríos y mares, grandes edificios y chozas  pobrísimas. Blancos y negros, bosques y desiertos, todo en el pequeño espacio de media isla. Grandes adelantos en las comunicaciones y miles de analfabetos. Muchos abogados y poca justicia. Muchos médicos y más enfermos que no pueden pagar para sanarse. Máquinas de escribir Remingthon de cien años de edad y modernas laptop’s. Ese contraste nos hace dignos de estudio.

Pero lo quen más me llama la atención es una carreta tirada por un mulo, y dirigida por dos mozalbetes que venden naranjas o tierra negra, esperando que cambie la luz del semáforo, al lado de una lujosa jeepeta. Y no es que el de la jeepeta le lleve mucho a los infelices que llevan las riendas del mulo, ni que el mulo se diferencie mucho de unos y del otro. Es que la más avanzada tecnología convive, aquí, con el atraso de cientos de años.

Hay gente que a duras penas saben utilizar el único teléfono público en todo el campito, otros capturan bellos instantes y se divierten con tan solo apretar un botón de su celular. Gente que estudia en Yale, Harvard o quién sabe dónde, y otra que no sabe ni cómo escribir su nombre. Muchos no saben que el mundo cambia de fronteras y gobiernos a cada instante, y otros que nunca han visto crecer los árboles ni volar una mariposa.

Nada de esto hace ni mejor ni peor a los hombres y mujeres. No somos mejores por manejar el  internet, o peores por ser analfabetos. Los instrumentos de la civilización, ni los avances de las ciencias, no siempre han estado en buenas manos. Sin embargo, me llama la atención que en nuestro país, con tanto despliegue de avances tecnológicos, conviva a su lado, en silencio, sin perturbar, el más absurdo atraso. Que junto al alarde de derroche esté la más triste carencia. Alguien dirá que todos no somos iguales. Es cierto. Cada quien tiene sus potenciales y los explota, y maneja a su conveniencia. Que muchos no tienen ni la fortaleza ni el empuje de otros. Es cierto, pero estrechar ese abismo, esa brecha, no está de más.

Como un retrato de Dorian Gray, que nos contradice constantemente. Un juego que puede ser peligroso, si no tiene reglas claras y precisas. Quizás eso suceda en todos los países del planeta, pero cuando ese juego de espejos no tienen la posibilidad de acuerdos, respuestas y lenguaje claro, puede filtrar una sombra que empañe todos los reflejos. Parece como si viviéramos de frente a muchas cosas y de espaldas a otras, que por no darle el frente
sean menos importantes.

Como si habláramos un idioma y un dialecto que no tienen entendimiento alguno. Como si existiera un enorme agujero negro que nos impide llegar uno a los otros. Unos extremos que jamás se tocan, y cuando lo hacen son una eterna paradoja. ¿Hasta cuándos seguiremos viviendo en este contrapunto?


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