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Día de Convivencia

Hace unas semanas estuve de vacaciones en Dajabón compartiendo con mi hijo y mis padres. Al abordar el autobús de regreso a Santo Domingo, busqué un asiento en la parte de atrás, lejos de todos y me quedé un rato mirando hacia el cielo. Sin embargo, mi momento de tranquilidad y soledad se fue a la mismísima porra cuando escuché a alguien decir: “Teacheeeeeer!”

“Teacher! Long time! How are you?”

¿Será a mí?- Pensé.  Hasta hace 2 años, yo era una “teacher”.  Con libros y demás materiales en mano dedicaba mis días a enseñar inglés a jóvenes y adultos.   Ha pasado el tiempo pero todavía reacciono cuando escucho esa palabra.

Miré a la persona que hablaba, y sonrientes un grupo de jóvenes se acercó a saludarme.

Teacher. Miss,  pero usted está muy comparona. Diga Hello aunque sea!–  Reaccioné. Es a mí.  Pero, ¿Quiénes son?  Tenía frente a mí a un grupo de 4 muchachos, a simple vista mucho más grandes que yo.  Traté de buscar en mi memoria esos rostros, esas voces, esas miradas. Los hemisferios de mi cerebro intentaban dar con el nombre de esos rostros. Sabía que los había visto, pero… ¿Quiénes rayos eran?  ¿Serían del instituto? ¿Del colegio?  ¿Cómo es posible que en 2 años los haya olvidado?  Me sentía indefensa y en evidencia.  Mi ego no permitiría que descubrieran que no los estaba reconociendo.

Luego de 5 minutos di con sus nombres. Llegaron a mi mente muchas escenas. El grupito inquieto al fondo del salón tratando de llamar la atención con sus travesuras, sus frases rarísimas en inglés con tal de hacer reír a los demás, los que siempre venían corriendo hacia mí para ayudarme con mis libros. Ellos… quiénes se peleaban los turnos por borrar la pizarra,  repartir las copias o me traían parte de su merienda porque las embarazadas no pueden pasar hambre.  ¡Vaya tiempos aquellos!

Quizás por mi edad (tenía 18 años cuando empecé a trabajar) me gané su confianza. Me convertí en la profesora  que siempre buscaban para desahogarse y buscar una luz en medio de tantas tribulaciones juveniles. Era algo espontáneo que nació en mi corazón, probablemente, porque no hacía tanto que había transitado el mismo camino que ellos recorrían.  Entendía lo que vivían, las inseguridades de la etapa, los deseos, los temores, el miedo a fracasar, la presión de los compañeros. Quizás y después de todo las casualidades y causalidades de la vida me colocaron en ese puesto para escucharlos, darles espacio y confianza para hablar de lo que fuese necesario.

En fin, rápidamente pasamos a actualizarnos mutuamente sobre nuestras vidas. Algunos terminaron el colegio este año, otros están matriculados en la universidad desde hace un año. Cada uno de ellos me hablaban con emoción de los deseos que tienen de superarse y cooperar con el desarrollo de sus familias y sus respectivos pueblos.

Mis muchachos han cambiado. Están mucho más grandes, fuertes y hermosos.  Y, aunque siguen igual de traviesos, se les nota más maduros, más centrados en sus propósitos y me alegró sentir que continúan siendo muchachos sanos,  sin malicia.  Ojalá y esa sensibilidad que percibí permanezca con ellos por siempre.

Reencontrarme con ellos fue una bendición. Siempre he creído que los adolescentes no son tan malos como se les pinta  en nuestra sociedad,  que no son extraterrestres, que simplemente son humanos en formación en busca de su propia identidad. Aunque el foco de atención está sobre los peores casos, creo que todavía existen adolescentes que van por buen camino producto de la educación que han recibido desde su infancia. Bien dice mi madre, todos los adultos creen que los jóvenes de su época son los más corruptos y perdidos. 😉

Desde mi rinconcito virtual les envío todo mi cariño y apoyo a cada uno de mis muchachitos. Mientras sus acciones estén encaminadas hacia el bien pueden estar seguros que contarán con esta loca profe 1000 x 1000.  🙂  ANIMO!

Hasta la próxima entrada.  😉

Mami me dice que mi hermano mellizo (ese sí que está gozando con Dios allá arriba) me pegó  algo de sus testosteronas y actitudes masculinas.  Yo no diría que esté masculinizada, que sea una “marimacho” o whatever, solamente que no sigo la corriente y lo que se presupone sea común a todas las mujeres.

No me gustan mucho ni las plantas ornamentales, ni las flores. No es que yo sea alérgica, o que no aprecie su hermosura, pero de ahí a ponerme de acuerdo con la vecina para que me regale un tallito y sembrarlo en mi patio… ¡No way!  Aunque en cambio, sí me fascina meterme en la parcela con papi, ponerme mis botas y ensuciarme las manos de lodo sacando rábanos y cortando berenjenas.

No tengo paciencia para ir a las tiendas. Dios, ¿cómo existen mujeres que saben durar hasta 2 y 3 horas solamente para comprar una blusa? Yo voy directo a lo mío, con el dinero en el monedero y el artículo a comprar en mente. Entro, compro y salgo. Total de tiempo invertido, máximo 15 minutos.

¿Por qué salir gritando por un bicho que quién sabe dónde esté metido? Y eso que le tengo miedo en exceso a las tarántulas (cacatas en dominicano), sin embargo, mientras no se me encaramen encima ¿para qué hacer tanto show?  No se imaginan lo que disfruto cuando las demás chicas se suben a los sillones a gritar despavoridas, mientras yo me quedo igualita y ellas solamente atinan a decir “Tania, súbete rápido”

Prefiero la música clásica, en especial Mozart y Bethoven, que las “melodías” de un tal Omega o un fulano nombrado Tulile. Gozo muchísimo más sentada dibujando o leyendo a Coelho que en la calle inventando mezclas etílicas. No es que sea una santa, ¡Quién dijo! Me gusta socializar, de hecho soy muy amigable, solamente que escojo con quiénes “me desacato”.

No soy “fiebrúa” con los zapatos, mi clóset tiene lo que necesito y SI me pongo, mis accesorios no están rodando en el cofre y mis perfumes son limitados. Y la verdad es que antes de gastar mil pesos en cosméticos y ropa, prefiero ahorrarlo, sin duda alguna.

Detesto que ellos sean los que SIEMPRE terminan pagando cuando salimos. Al principio lo acepto, y gana puntos extras por su caballerosidad. Pero, conchale, ¡esto es fifty fifty! Si tú no puedes baby, ven que yo estoy cobrá. 😛

Así que Joshua,  si crees que por todo esto dejo de ser mujer o dejo de ser una chica joven, lo siento muchísimo. Estás muy equivocado. Este mundo es tan grande y tan diverso, y así somos todos los que habitamos en la faz de la tierra.

Si hay hombres que no les gustan los deportes, o no saben mucho de carros; entonces ¿cuál es el fucking problema con que yo no sea fanática de las flores? ¿Quién ha dictado los gustos que deba de poseer una joven de 20 años de edad? ¿Ser intelectual en nuestra sociedad es un delito? ¿Es obligatoriamente necesario saberse todos los reggaetones de moda, y obviar leer la columna de economía para considerarse parte de la población joven?

No me importa lo que pienses, solo que te corrijo el adjetivo. No soy RARA, soy UNICA y ORIGINAL. Ahí está la diferencia, y eso es precisamente lo que me hace ser ESPECIAL.

Déjame en mi mundo, y pónte pa’lo tuyo (EmyKisses Mode On).


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