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Qué lindo es hablar de paz mundial… Qué bello es recordar los mandamientos de Dios y su máxime sobre el amor y el respeto entre todos los seres humanos.

Sin embargo, nada de eso sirve, si no hacemos lo esencial… PRACTICA.

Cuántas veces no nos hemos dejado cegar por la pequeñez de nuestra conciencia sobre la diversidad de pensamientos. Cuántas veces hemos sido nosotros mismos quienes hemos provocado situaciones que posteriormente se convirtieron en conflictos innecesarios… Cuántas veces.

Todos queremos la paz. Que la paz es importante y esencial para la armonía de toda la humanidad lo sabemos de sobra. Pero nada sabemos simplemente conociendo tal hecho, lo que cuenta y vale es lo que hacemos, las accioones que realizamos en beneficio de ese fin que tanto buscamos.

De nada sirve orar y orar, doblar rodillas ante Dios o cualquiera que sea tu convicción sobre El.. si no eres capaz de respetar el derecho de los demás. Dios quiere que le hables y le pidas, pero más aún que tengas un corazón noble y solidario.

De nada sirven los tratados, de nada sirve la ONU, de nada sirven los consejos de gobierno y los convenios… si el material que lo llevará a acabo ni siquiera es capaz de respetar a los más cercanos.

No hablemos de guerras a grandes escalas, hablemos de esas mini batallas que vivimos en nuestras familias y comunidades. No menciones las bombas de Hiroshima y Nagasaki ni las tantas minas enterradas en Colombia y Africa…no, no sin antes recordar el posible insulto o ataque fríamente calculado hacia tu colega para quitarle el puesto.

Yo puedo enojarme, y claro que he tenido conflictos con muchas personas, eso es algo perfectamente normal. Lo importante aquí es saber cómo lidiar con ellos, y en la medida de lo posible conocer los mecanismos que de ahora en adelante nos permitirán evitar de antemano situaciones incómodas. Respetar para que nos respeten, creando conciencia sobre la diversidad y el respeto que la misma conlleva son claves fundamentales para el desarrollo individual y colectivo.

Yo quiero la paz, Yo HAGO la paz!

“No entiendo muchas cosas, y por no entenderlas, a veces, no me entiendo ni a mí misma”

No entiendo a la gente que dice no tener amigos. Tampoco entiendo a la gente que, aún cuando tiene muchos amigos, no los visita, ni los llama por teléfono, ni les escribe.

No entiendo la gente que, pasado el tiempo, no sabe perdonar las ofensas ni disculpa los errores. No entiendo al que guarda odios ancestrales.

No entiendo la gente que no se solidariza con los problemas de los demás. Ni entiendo al que no sabe llorar ante la tragedia ajena.

No entiendo a la gente que cree en el amor como una imposición. Tampoco entiendo el abrazo que asfixia. Ni entiendo el beso que muerde.

No entiendo a la gente sin sueños ni utopías. Tampoco entiendo a la gente que no siembra, porque piensa que otro cosechará lo sembrado.

No entiendo a la gente que, en lugar de manos, tiene garras.

No entiendo a la gente que no le gusta ver el amanecer, la salida del sol, la mañana que comienza a levantarse. Ni entiendo al que no guarda silencio para escuchar el canto del río ni se embelesa ante el perfecto vuelo de las aves.

No entiendo a la gente que no resiste el silencio. Porque tampoco entiendo a al gente que no busca un momento de soledad para encontrarse.

No entiendo a la gente incapaz de ponerse a la altura de un niño. Ni entiendo al que es incapaz de sonreír a un desconocido.

No entiendo a la gente que vive al acecho de los demás; porque tampoco entiendo al que duda de todo y de todos.

No entiendo a la gente que maltrata al más débil; como no entiendo al que se arrodilla ante el más rico. Tampoco entiendo al que rinde culto al guerrero. Pero no quiero entender al que no se indigna ante la injustica.

No entiendo a la gente que vive queriendo ser otra persona. Pero tampoco entiendo al que no se quiere a sí mismo y vive sacrificando por los demás y lo pregona a los cuatro vientos. Pero tampoco entiendo al que espera todo y es incapaz de dar.

No entiendo a la gente que no puede vivir sin controlar a los demás. Y tampoco entiendo al que no tiene fe en sí mismo ni esperanzas.

No entiendo a la gente que no le gustan los libros, ni la música, ni ver una puesta de sol, ni caminar en la arena junto al mar, ni respirar el aire limpio de las montañas, ni alzar la mirada ver hasta donde crecen los árboles.

Sin embargo, he ido codificando un lenguaje sencillo, simple a veces sin palabras, para llegar a los que amo.

Una sonrisa, un gesto, un apretón de manos o un abrazo, me han abierto las puertas de muchos corazones, y aunque muchas veces no los entiendo y quizás ellos tampoco a mí, he llegado a amarlos profundamente.

Imagen: www.pico-pico.org


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