Nikkei Life

El tiempo pasa rápido. O es que estoy viviendo apresuradamente.
No lo sé. Simplemente puedo percibir que el transcurrir de los días es cada vez mucho más acelerado. ¿Qué ocurre? ¿Alguna treta de Einstein y su teoría de la relatividad?  ¿Será que he estado muy estresada, con tantísimo trabajo, que he perdido la capacidad de disfrutar el día a día con calma?

El tiempo pasa rápido. Vean la fecha en sus calendarios. Ha transcurrido más de la mitad del año. No sé ustedes, pero todavía permanece vívido en mis recuerdos, la cena de Navidad y las llamadas en año nuevo. ¿Acaso no fue hace poquito?  Bueno, según el calendario, ese poquito ocurrió siete meses atrás.

Percibir que el tiempo ha transcurrido rápidamente me hace sospechar que he estado un tanto desprevenida. Creo que es tiempo de sentarme tranquilamente en mi cama, cerrar los ojos un ratito y meditar sobre lo que he hecho -o no- durante este tiempo.

Sí. Eso haré. Ya es tarde. Un buen momento para ejecutar lo que he mencionado.

Mañana será otro día.

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Estimadas Autoridades, Empresarios e Ingenieros:

Les extiendo un cordial saludo en espera de que estén cumpliendo sus funciones intachablemente, en beneficio de la sociedad dominicana a la cual todos pertenecemos. Me alegra saber que están desempeñando cargos tan importantes, cada uno en su sector, puesto que es una clara demostración de que tienen la calidad moral y profesional para ocupar los mismos.

Me detengo por un instante a presentarme. No vayan ustedes a tomarme como bicho raro o criatura salida de otra vía láctea. Soy una ciudadana, otra inmigrante más que llegó del campo a la ciudad. Reconozco que todavía no distingo la Nuñez de la Defilló y que confundo la Tiradentes con la Ortega y Gasset. Pienso que Miraflores está hacie el Oeste y que las Praderas es hacie el Sur. Perdonarán pues, me falta un poco de geografía. Sin embargo cada día me dispongo en descubrir rutas y calles alternas.

Ya me conocen. Soy una chica que ha venido a fajarse, a sudar la gota gorda, a ver si echa pa’lante a su hijo y su familia. No tengo intenciones de dañar esta ciudad, en cambio, creo que la afectada he sido yo.

Les escribo estas líneas simplemente para pedirles algo, sencillito, ¡Organícense por favor! ¿Cómo es posible que inicien construcciones en cualquier parte de la ciudad sin pensar dónde estarían colocando sus maquinarias? ¿Con qué permiso empresas constructoras invanden las vías públicas con maquinarias pesadas y un sinfín de indumentarias que me obstaculizan el paso de todo transeúnte por las aceras y contenes debidamente construídas? Estoy cansada de arriesgar mi vida a diario, de vivir con el miedo constante de un atraco a mano armada y como si fuera poco, tener que arriesgarme caminando en plena autovía porque las instalaciones construídas para yo caminar no están disponibles.

Señores ingenieios, empresarios y autoridades, sé que a mayor inversión monetaria menos caso le prestarán a mis reclamos. Pero… ¿Tan poco valen las tantas vidas que se arriesgan diariamente al igual que yo? Ojalá y les sirva de análisis y reflexión.

 

P.D. – ¡Déjenme caminar!

 

 

Hoy, 29 de febrero, se celebra el Día Internacional de las Enfermedades Raras (Rare Disease Day, http://www.rarediseaseday.org/).

Pocas personas conocen sobre las actividades que han venido realizando estas organizaciones en distintos países del mundo, en busca de crear conciencia sobre tantas enfermedades y condiciones médicas complejas. Reconozco que soy una más que se enteró en los últimos meses.

Como madre, no quiero ni imaginar la difícil situación que viven  Mitsuo y Natalí. Una joven pareja a la cual les conozco (más a él, por el hecho de ser descendiente al igual que yo) desde hace tiempo y a quienes podrán observar en el video al pie de este post. Su hija Akemi, una hermosa chiquilla de casi 3 años está postrada en una silla de ruedas, sin poder llevar una  vida en condiciones normales como lo haría cualquier pequeñín de su edad.  Imagino que la desesperación y la sensación de frustración debe de ser mayor al saber que su condición médica es rara, poco estudiada, y por ende, con pocos tratamientos efectivos.

Akemi sufre de una condición genética degenerativa llamada  (LDM), la cual es hereditaria (de padre a hijos). Para que un individuo la presente, debe recibir el gen defectuoso de cada uno de sus dos progenitores. Una persona con solo un gen defectuoso se llama portador y no mostrará ninguna anomalía reconocible. Si los dos padres son portadores, la probabilidad de que el hijo desarrolle la enfermedad es del 25%. (¿Quiere leer más? http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001205.htm)

Hoy en día que contamos con tantos medios sociales, aprovecho este espacio, para dar a conocer un poquito más sobre la peculiaridad del LDM y el Rare Disease Day.  Sé que no puedo hacer mucho, pero, creo firmemente que crear conciencia y educarnos mutuamente puede convertirse en una aliada muy poderosa para hacerle frente a las tantas enfermedades que aquejan a nuestra humanidad.

Ojalá y este 29 de febrero esté marcado por aprendizajes significativos para cada uno de nosotros. Vamos a darle valor y sacarle provecho a esta fecha extra que nos regala el calendario.

Acá les dejo el videíto que con tanto amor realizaron los padres de Akemi.   Todo aquél que se se considere creyente y se sienta llamado a incluirles en sus oraciones, se les agradecerá infinitamente.

El 2011 llega a su final, está casi agonizando y antes de que pase a la historia me detengo unos instantes para pasar revista a estos doce meses que han transcurrido.

Totalmente agradecida y satisfecha por todo lo que ocurrió en mi vida en este año, mucho mejor de lo que inició y con más ganas de seguir luchando por cada uno de mis objetivos.

Que los 366 días que se renuevan en unos minutos nos permitan a cada uno de nosotros continuar siendo mejores personas, llenas del amor de Dios y capaces de compartir con todos alrededor las bondades de El para con la humanidad.

Feliz Año Nuevo amigos.

 

Desde el primer instante en el que supe de tu existencia, a pesar de las dudas y los temores, decidí amarte y protegerte.  La decisión más grande que he tomado y de la cual nunca me arrepentiré. Ese 23 de enero del 2009, en aquél consultorio, dejé de pertenecerme. Mi mundo tomó un nuevo rumbo y así lo confirmé aquél 18 de agosto cuando finalmente te tuve entre mis brazos.

2 años y 3 meses en los que te he disfrutado menos de lo que he querido, pero tanto como he podido.27 meses de tu vida en los que esta inexperta madre ha crecido y madurado, poco a poco, mientras aprende el verdadero significado de la palabra amor.

Regresar a casa para verte y disfrutarte por 24 horas es la travesía que alegra mi alma. Una noche, tras arrullarte entre mis brazos y verte dormir plácidamente en tu cuna, me pregunté:  ¿Estaré yo en tu corazón?, ¿Me querrás a pesar de no verme tan seguido?

Uno de mis grandes temores era que me vieras como una extraña y que tuvieras temor de acercarte a mí. ¿Sabes qué?  ¡Lanzaste por la borda todas esas dudas! Tu amor, manifestado en esas pícaras sonrisas que me regalas, por tu carita de alegría cada vez que llego a casa, por ese cuerpecito que corre hacia mí mientras mis oídos escuchan la mejor de las melodías: “Mami”.

No sabes toda la alegría que provocas en mí cuando te veo, cada vez más grande, más independiente, más tú.  Eres mi rayito de sol, mi recordatorio de que vale la pena luchar, de que tengo motivos de sobra para vivir y ser mejor persona cada día. Mi tesoro, mi regalo, mi pedazo de cielo.

Te amo, chiquito. Te amo y te extraño. ¡Nos vemos pronto!

21/11/11
Faltan 12 días para verte.

素直に言います。ごめんね。

気づかないうちに、あなたの気持ちをもてあそんで、ごめんね。

いつも、いつも甘えてばかりいて、ごめんね。

弱い私を元気付かせてくれるのに、S君が倒れそうなときになにも出来なくって・・・つい、ポツンっと立っていただけなのに。頭の中がボーとなって、慰めの一言も言えなくって。伝えたいことを胸の奥にしまりこんで。

ごめんね。

弱弱しい私のために会う機会を作って、笑顔を贈って・・・その代わりに殆ど、何も出来なくって。

ごめんね。

この六ヶ月間、大変だったと思うよ。

でも、やっと分かってきたような気がする。少しでも成長したのかな?

気持ちが伝わってきたのかも。もっと強くなって欲しいという、S君の想いが。

愛の力っていうもんかな・・・

まだ、子供っぽいところが残っている私だけれど、これからも仲良くやっていこう・・・ね。

ずっと一緒だよ・・・ね。

頑張ろう!

I Love You!

Hoy estoy incrédula. Me quiero tomar el derecho de decir cuán efímera, desgraciada e injusta puede ser la vida.  Estoy tratando de asimilar esta realidad que nos ha afectado a tantos. ¿Por qué?  Simplemente eso… ¿Por qué?

Desde que empecé mi aventura capitalina he conocido tantas personas. Ayer, precisamente ayer, bajo circunstancias distintas fallecieron dos de esas personas. Jóvenes al igual que yo, uno de ellos padre de familia, almas nobles llenas de alegría y entusiasmo. Simplemente, todavía no salgo del asombro que me ha provocado esta noticia.

Ella, Lucía Méndez (@lucytheonlyone), de quien atesoro divertidas y muy interesantes pláticas sobre la vida, música, libros y cine. Hermosa, inteligente, interesante, con una personalidad chispeante. Segura de sus convicciones, juiciosa y con sentido común.  Así le conocí una noche de verano y así le recordaré por siempre.

El, José González… humilde trabajador. Mi frutero de preferencia. Dinámico y servicial. Siempre atento y alegre con sus clientes.  Cuánta tristeza me provocó enterarme que justamente ayer, mientras alistaba su puesto improvisado para retornar a casa, unos delincuentes acabaron con su vida para robarle las pocas ganancias que obtuvo a lo largo del día. Una víctima más de esta sociedad podrida, de la delincuencia que nos arropa. Se me parte el corazón al pensar en los envejecientes padres y los niños que deja en la orfandad.

Realmente no sé que hacer con esta mezcla de frustración y dolor, de rabia e impotencia. Cómo quisiera poder devolver el tiempo y extenderles unos 60 años más a sus vidas. Poder compartir con ellos más tiempo y seguir aprendiendo tanto de sus personalidades.

Y aunque el cielo llora sus muertes, prefiero creer -y Sé que es así- que sus sonrisas brillarán en el cielo… así, tan brillante y esplendoroso como el sol caribeño.

Rest in Peace Lucy!  Rest in Peace José!   We’ll see each other again!   Los extrañaré…

Día de Convivencia

Hace unas semanas estuve de vacaciones en Dajabón compartiendo con mi hijo y mis padres. Al abordar el autobús de regreso a Santo Domingo, busqué un asiento en la parte de atrás, lejos de todos y me quedé un rato mirando hacia el cielo. Sin embargo, mi momento de tranquilidad y soledad se fue a la mismísima porra cuando escuché a alguien decir: “Teacheeeeeer!”

“Teacher! Long time! How are you?”

¿Será a mí?- Pensé.  Hasta hace 2 años, yo era una “teacher”.  Con libros y demás materiales en mano dedicaba mis días a enseñar inglés a jóvenes y adultos.   Ha pasado el tiempo pero todavía reacciono cuando escucho esa palabra.

Miré a la persona que hablaba, y sonrientes un grupo de jóvenes se acercó a saludarme.

Teacher. Miss,  pero usted está muy comparona. Diga Hello aunque sea!–  Reaccioné. Es a mí.  Pero, ¿Quiénes son?  Tenía frente a mí a un grupo de 4 muchachos, a simple vista mucho más grandes que yo.  Traté de buscar en mi memoria esos rostros, esas voces, esas miradas. Los hemisferios de mi cerebro intentaban dar con el nombre de esos rostros. Sabía que los había visto, pero… ¿Quiénes rayos eran?  ¿Serían del instituto? ¿Del colegio?  ¿Cómo es posible que en 2 años los haya olvidado?  Me sentía indefensa y en evidencia.  Mi ego no permitiría que descubrieran que no los estaba reconociendo.

Luego de 5 minutos di con sus nombres. Llegaron a mi mente muchas escenas. El grupito inquieto al fondo del salón tratando de llamar la atención con sus travesuras, sus frases rarísimas en inglés con tal de hacer reír a los demás, los que siempre venían corriendo hacia mí para ayudarme con mis libros. Ellos… quiénes se peleaban los turnos por borrar la pizarra,  repartir las copias o me traían parte de su merienda porque las embarazadas no pueden pasar hambre.  ¡Vaya tiempos aquellos!

Quizás por mi edad (tenía 18 años cuando empecé a trabajar) me gané su confianza. Me convertí en la profesora  que siempre buscaban para desahogarse y buscar una luz en medio de tantas tribulaciones juveniles. Era algo espontáneo que nació en mi corazón, probablemente, porque no hacía tanto que había transitado el mismo camino que ellos recorrían.  Entendía lo que vivían, las inseguridades de la etapa, los deseos, los temores, el miedo a fracasar, la presión de los compañeros. Quizás y después de todo las casualidades y causalidades de la vida me colocaron en ese puesto para escucharlos, darles espacio y confianza para hablar de lo que fuese necesario.

En fin, rápidamente pasamos a actualizarnos mutuamente sobre nuestras vidas. Algunos terminaron el colegio este año, otros están matriculados en la universidad desde hace un año. Cada uno de ellos me hablaban con emoción de los deseos que tienen de superarse y cooperar con el desarrollo de sus familias y sus respectivos pueblos.

Mis muchachos han cambiado. Están mucho más grandes, fuertes y hermosos.  Y, aunque siguen igual de traviesos, se les nota más maduros, más centrados en sus propósitos y me alegró sentir que continúan siendo muchachos sanos,  sin malicia.  Ojalá y esa sensibilidad que percibí permanezca con ellos por siempre.

Reencontrarme con ellos fue una bendición. Siempre he creído que los adolescentes no son tan malos como se les pinta  en nuestra sociedad,  que no son extraterrestres, que simplemente son humanos en formación en busca de su propia identidad. Aunque el foco de atención está sobre los peores casos, creo que todavía existen adolescentes que van por buen camino producto de la educación que han recibido desde su infancia. Bien dice mi madre, todos los adultos creen que los jóvenes de su época son los más corruptos y perdidos. 😉

Desde mi rinconcito virtual les envío todo mi cariño y apoyo a cada uno de mis muchachitos. Mientras sus acciones estén encaminadas hacia el bien pueden estar seguros que contarán con esta loca profe 1000 x 1000.  🙂  ANIMO!

Hasta la próxima entrada.  😉

Vaya. No soy una persona perfecta. He pecado de impuntual, de olvidadiza, y descuidada unas cuantas veces. Sin embargo, trato, en la medida de lo posible, de que sean episodios muy mínimos a comparación del promedio general de mis actos.

No hay nada más frustrante que lidiar con personas irresponsables y desconsideradas. Saber que tu agenda depende de ellos, que tus actividades privadas están relegadas a segundo plano puesto que las principales no pueden ser concretadas por ciertas personitas especiales.

Hoy en día, todos vivimos una rutina acelerada y “robóticamente” sistemática. Nos levantamos diariamente aproximadamente a la misma hora y realizamos una serie de actividades cual si fueran cronometradas por un árbitro a nuestro lado. Nuestro tiempo hábil para actividades de esparcimiento y disfrute personal están condicionadas, muchas veces, por el buen flujo de las demás actividades (trabajo y/o clases, básicamente).

Comprendo que cada quien tiene sus asuntos y que nadie es perfecto. Pero, ¿hemos pensado alguna vez que al ser irresponsables estamos afectando la vida de otras personas? Sí… somos irresponsables y descarados queriendo o no queriendo serlo.

¿Has pensado en las veces que has dejado esperando a alguien más de lo considerable en una reunión de trabajo? ¿Has pensado en las posibles actividades que tenía pautada esa persona luego de dicha reunión?

Comúnmente observamos en películas como un padre llega tarde a la presentación de ballet de su hija, todo por su irresponsabilidad o irresponsabilidad de otros que le hicieron perder su tiempo. ¿No les parece triste? ¿Qué pensará la niña ante la tardanza de su padre?
Si el cariño está bien fundamentado, ella entenderá y podrán sopesar el mal rato. Sin embargo, cuando se convierte en un acto repetitivo, las ilusiones se pierden… y con ello, el respeto.

Aprendamos a respetar el tiempo de los demás. Una llamada a tiempo para informar & disculparnos ante la demora quizás no logre detener el tiempo, pero, puede que se convierta en un apaciguador de fieras.

Vamos a romper el círculo vicioso. Vamos a mejorar cada día. ¿No les parece? =)

Abuelita… me faltas tú.

Mi consejera, mi confidente, mi canchanchana.

Recuerdo que cuando no podía dormir, me acurrucaba a tu lado, y súbitamente Morfeo hacía de las suyas. Disipabas todas mis dudas, mis temores, mis miedos. Tú hacías magia con simplemente acariciarme con tus arrugadas manos. Manos santas, llenas de historia y experiencia.

Hoy te quiero junto a mí. Te extraño tanto baachan, te extraño. Hoy que mi corazón está agrietándose, que mis fuerzas se están metiendo en algún rincón desconocido… hoy te necesito conmigo.

agosto 2017
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