Nikkei Life

Archive for the ‘Opinión’ Category

Los padres (o cualquier adulto a cargo del cuidado y la crianza) somos modelos a seguir de nuestros hijos. Y esto no es algo que yo me haya inventado, ni tampoco mi abuela. Está de más decir que esas mentecitas en blanco se van nutriendo poco a poco de todo cuanto experimenten en su entorno, de lo que observan, de lo que escuchan, en fin, de todo lo que perciben.

Hoy estuve leyendo varios comentarios de Alexander RodríguezDarío Martínez Batlle  en un post originado por Gibrán Abreu en Google +. La publicación trataba, entre otros tópicos,  sobre fitness y las motivaciones de cada quién para emprender una rutina de ejercicios y mantenerse.

Dentro de la interacción que se dio, uno de los caballeros mencionó su deseo de ser todo un papá atlético y saludable para sus futuros hijos, quizás y orillado por la experiencia que él tiene con su propio padre.

Dicho esto, me surge una pregunta. ¿Realizan (o realizaban) sus padres alguna actividad (laboral o recreativa) de manera constante? ¿Qué sienten ustedes respecto a dichas actividades? ¿Les gusta?

La pregunta es por obvias razones. Los padres son los primeros maestros de los niños, y los más importantes. Muchos padres se enfocan en enseñarles a los hijos a saludar, a utilizar las distintas frases de cortesía, a compartir con los demás y fomentamos el compañerismo desde que ingresan a la guardería. Genial.

Sin embargo, creo que nos olvidamos de muchas cosas importantes. ¿Dónde quedan los buenos hábitos de leer, ahorrar, alimentarse bien y ejercitarse regularmente?  Sí, que ya sé que algunos dirán que soy la menos indicada para hablar de eso último, pero, por algo es que lo digo.

En casa crecí viendo a mi madre ahorrar las monedas que sobraban de la quincena en una vieja lata de jugo de pera (los dominicanos sabrán). Ella también tomaba cualquier pedazo de papel y rápidamente lo convertía en pequeñas figuras de Origami con los que me entretuve por mucho tiempo. Por su parte, mi padre es un lector voraz, carpintero creativo y un severo crítico de cine.  No puedo asegurarlo a plenitud, pero es muy probable que mi gusto empedernido por la lectura y las manualidades tenga sus causas en mi infancia. Que haya podido independizarme económicamente sin caer en gastos engorrosos también es producto de todo lo que vi de niña.

No obstante, muchas otras cosas las aprendí después de adulta, pasando una que otras penas y pensando dentro de mí que  “Si a lo mejor…”.  Obviamente, la japonesa en mí no puede permitirse ponerle peros a la manera en que sus padres le criaron. Entiendo que ellos hicieron lo mejor posible. Por esas razones, prefiero emular todo lo bueno que recibí de ellos e incorporar aquellas cosas que no experimenté, pero que considero importantes para el desarrollo saludable (en todos los aspectos) de mi hijo.

Nuestra responsabilidad como padres es AMPLIA. No es solamente hacer de esa criatura, una persona de bien. No es simplemente educarle académicamente, animándole a desarrollar sus propias destrezas y conseguir éxito profesional. También es importante enseñarles a cuidar de su salud para lograr todo lo anterior, a leer e indagar constantemente para satisfacer sus dudas, a ser organizados con sus finanzas, y lo más importante, incentivarlos a ser ellos mismos.

Mi responsabilidad como madre consiste en ser lo mejor posible para él, para que a su vez él pueda ser lo mejor para la sociedad.  ¿Por qué no empezar hoy siendo un mejor modelo de adulto, de ser humano, de individuo?

Día de Convivencia

Hace unas semanas estuve de vacaciones en Dajabón compartiendo con mi hijo y mis padres. Al abordar el autobús de regreso a Santo Domingo, busqué un asiento en la parte de atrás, lejos de todos y me quedé un rato mirando hacia el cielo. Sin embargo, mi momento de tranquilidad y soledad se fue a la mismísima porra cuando escuché a alguien decir: “Teacheeeeeer!”

“Teacher! Long time! How are you?”

¿Será a mí?- Pensé.  Hasta hace 2 años, yo era una “teacher”.  Con libros y demás materiales en mano dedicaba mis días a enseñar inglés a jóvenes y adultos.   Ha pasado el tiempo pero todavía reacciono cuando escucho esa palabra.

Miré a la persona que hablaba, y sonrientes un grupo de jóvenes se acercó a saludarme.

Teacher. Miss,  pero usted está muy comparona. Diga Hello aunque sea!–  Reaccioné. Es a mí.  Pero, ¿Quiénes son?  Tenía frente a mí a un grupo de 4 muchachos, a simple vista mucho más grandes que yo.  Traté de buscar en mi memoria esos rostros, esas voces, esas miradas. Los hemisferios de mi cerebro intentaban dar con el nombre de esos rostros. Sabía que los había visto, pero… ¿Quiénes rayos eran?  ¿Serían del instituto? ¿Del colegio?  ¿Cómo es posible que en 2 años los haya olvidado?  Me sentía indefensa y en evidencia.  Mi ego no permitiría que descubrieran que no los estaba reconociendo.

Luego de 5 minutos di con sus nombres. Llegaron a mi mente muchas escenas. El grupito inquieto al fondo del salón tratando de llamar la atención con sus travesuras, sus frases rarísimas en inglés con tal de hacer reír a los demás, los que siempre venían corriendo hacia mí para ayudarme con mis libros. Ellos… quiénes se peleaban los turnos por borrar la pizarra,  repartir las copias o me traían parte de su merienda porque las embarazadas no pueden pasar hambre.  ¡Vaya tiempos aquellos!

Quizás por mi edad (tenía 18 años cuando empecé a trabajar) me gané su confianza. Me convertí en la profesora  que siempre buscaban para desahogarse y buscar una luz en medio de tantas tribulaciones juveniles. Era algo espontáneo que nació en mi corazón, probablemente, porque no hacía tanto que había transitado el mismo camino que ellos recorrían.  Entendía lo que vivían, las inseguridades de la etapa, los deseos, los temores, el miedo a fracasar, la presión de los compañeros. Quizás y después de todo las casualidades y causalidades de la vida me colocaron en ese puesto para escucharlos, darles espacio y confianza para hablar de lo que fuese necesario.

En fin, rápidamente pasamos a actualizarnos mutuamente sobre nuestras vidas. Algunos terminaron el colegio este año, otros están matriculados en la universidad desde hace un año. Cada uno de ellos me hablaban con emoción de los deseos que tienen de superarse y cooperar con el desarrollo de sus familias y sus respectivos pueblos.

Mis muchachos han cambiado. Están mucho más grandes, fuertes y hermosos.  Y, aunque siguen igual de traviesos, se les nota más maduros, más centrados en sus propósitos y me alegró sentir que continúan siendo muchachos sanos,  sin malicia.  Ojalá y esa sensibilidad que percibí permanezca con ellos por siempre.

Reencontrarme con ellos fue una bendición. Siempre he creído que los adolescentes no son tan malos como se les pinta  en nuestra sociedad,  que no son extraterrestres, que simplemente son humanos en formación en busca de su propia identidad. Aunque el foco de atención está sobre los peores casos, creo que todavía existen adolescentes que van por buen camino producto de la educación que han recibido desde su infancia. Bien dice mi madre, todos los adultos creen que los jóvenes de su época son los más corruptos y perdidos. 😉

Desde mi rinconcito virtual les envío todo mi cariño y apoyo a cada uno de mis muchachitos. Mientras sus acciones estén encaminadas hacia el bien pueden estar seguros que contarán con esta loca profe 1000 x 1000.  🙂  ANIMO!

Hasta la próxima entrada.  😉

Y … mientras tanto en el salón de la justicia seguimos en la búsqueda exhaustiva del vestido perdido. No porque se haya extraviado, simplemente, ¡no aparece!

Permítanme ilustrarles una pequeña pero maravillosa conversación sostenida entre la dependiente de una tienda en GiveSoap (¡la que se da en más fina y exclusiva!) y su ya conocida Nikkei-Girl, osea YOlanda.

– Buenas Tardes joven, ¿En qué puedo ayudarle?

– (Pensando… yo dudo, pero deja preguntar a ver si el chicle pega) Mire, ando buscando vestidos de noche.

– Qué bien. Tenemos muchos muy elegantes en diversas tonalidades y materiales.

– (Yo no me voy a quemar por adelantado no…) Qué bien. ¿Me puede mostrar las tallas MAS GRANDES que tiene, por favor? No importa si el diseño sea un tanto recatado.

– Permítame.

– (Yo pensando… Yo dudo, pero vamos a ver qué trae la fulana).

– Aquí tiene. Tenemos estos dos negros, este verde..este fuchsia, este turquesa.. blah blah blah.

 

Y viene trauma (Alexéi Mode On)… Yo de freca y cliente al fin, tomo uno de los vestidos con triple intención: talla +  precio + curiosidad  y solamente me faltó irme pa’trás de la “emoción”.  Size = 12.

Me aseguré de preguntarle nuevamente si realmente esa era la talla más grande que tenían en el local. Una respuesta afirmativa y mi presencia en aquél lugar no era necesaria.

Todo el camino me repetí lo mismo una y otra vez. Estoy grande, lo sé, pero ¿acaso la media de la mujer dominicana no es de caderas anchas? ¿Acaso las dominicanas no nos caracterizamos por ser eminentemente voluptuosas? Yo no soy muy dada a moda, tallas y demás cosas…pero 12 es GRANDE? … Yo no creo!!!

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Pregunta Ociosa: ¿Existe algún rincón del país donde no estén hablando de telenovelas?

Lo admito, en su momento quizás y fui muy apegada a las telenovelas de corte juvenil, allá por los años 2001 – 2002. Vi Soñadoras, Amigas y Rivales, Clase 406, y unas cuantas más que ya olvidé los títulos. De hecho, si me preguntan quiénes conformaron el elenco principal o la trama de la misma, sería como hablarme de conceptos de Física Cuántica.

Sin embargo, en estos últimos días, en el Instituto, la Universidad y cualquier rincón donde me aparezca, he tenido que “aguantarme a la mala” comentarios y más comentarios sobre el toque de queda por las noches.

No tengo nada en contra de las telenovelas. Simplemente me aburren. Pero sin intención de ofender a quién guste y disfrute de ellas, ¿Estamos concientes de lo que estamos consumiendo? Obviamente, las historias basadas en amores entre ricos y pobres, ya es cosa del pasado. Como diría mi prima Sayuri: Eso no vende.

Personalmente creo que nuestros países latinoamericanos ya de por sí estamos sufriendo mucho con el problema del narcotráfico. Resaltar ahora esos temas en una telenovela como se está haciendo actualmente es para protestar, para indignarse como televidente y cambiar de canal. Debo aclarar que no me espanto, sabemos que la realidad supera la ficción, pero ya es suficiente con ver a diario los noticieros, los diarios y el Internet, como para todavía en casa escuchar diálogos que una y otra vez te hacen ver al mundo del narco, las prostitutas, los matones a sueldo, como el mejor modelo de vida para hacer “BILLETE”.

¡Qué bonito!, ¡Qué delicia! ¡ Qué belleza de vida!.

No, no y claro que no. El dinero fácil, el quitarle la vida a una persona, el consumir drogas, el prostituirse , no es y nunca será el modelo perfecto de vida. Al menos para mí, no forma parte de mi esquema de un lugar mejor para el bien de todos.

Como mencioné, cada quién es libre de consumir el contenido que desee, siempre y cuando sepa digerirlo como es debido. ¿Qué podrá digerir una niña de 7 años a las 10 de la noche con semejante programación? Si usted, madre o padre es amante de esta telenovela, no es mi problema. Pero…¿Qué está usted enseñándole a su pequeña? ¿Se quejará si a los 14 se acuesta con el que le de más dinero que usted? …  Se lo dejo a su juicio.

Yo por lo pronto, lo firmo y lo repito: Con Novelas así, Se acaba mi paraíso.

“Juventud, divino tesoro”… dicen muchas personas hasta el cansancio. En el colegio, en los clubes, en los campamentos y en todos lados nos recuerdan a viva voz que “Somos Jóvenes, Tenemos un Tesoro”. Pero, ¿Qué es realmente ser joven?, ¿Realmente… de qué sirve ser joven? Son preguntas que lamentablemente, NO vienen en libritos instructivos, y se aprende con práctica constante. Sí, soy joven y mi práctica está empezando, pero al menos considero que tengo cosas por compartir con los demás, y precisamente este tema es uno de los que más me apasionan.

Hay un momento en nuestras vidas en la que sentimentos la necesidad de ir soltándonos -en especial de los padres, de la escuela y los sistemas a los que nos sometieron de pequeños- y así estrenar una libertad soñada. Sin embargo, ¿Qué es la Libertad?

A nuestra edad, exigimos mucho el grado de libertad que suponemos nos corresponde, y creo que eso está bien porque es un derecho de todos y es una manera de ir independizándonos de a poco.  Pero, ¿Sabemos lo que haremos con esa libertad?  La libertad no es más que un don, un regalo maravilloso que Dios nos ha hecho, y que tiene una razón y propósito: Tiene un Por qué, y un Para qué. Curiosamente todo el mundo quiere ser libre y le apetece disfrutar de la libertad. Ésta es una de las pocas cosas en la que todo el mundo está de acuerdo. Yo no conozco a nadie que no quiera ser libre; pero paradójicamente son pocos los que saben cómo utilizarla

Si de lo que estamos hablando es de hacer un buen uso de la libertad, lo primero que tendremos que saber es en qué consiste. Generalmente se tiene una falsa idea de ella y así se dice que libertad es poder hacer lo que uno quiere, cuando en realidad la libertad es una cosa mucho más seria que consiste, no en hacer lo que apetece, sino en poder hacer aquello que en cada momento debemos hacer. ¿Se nota la diferencia?

Algunas veces he escuchado que la “libertad” tiene como enemigos a Dios y la Ley, que atrapados en las redes de los preceptos humanos y divinos, nunca se sabrá qué es libertad realmente. Sin embargo, no creo que para “ser libre” deba de hacer cosas que vayan en contra de la ley. Según lo que YO considero, la persona libre no es la que vive al margen de toda ley y se salta a la todos los preceptos morales y religiosos, sino al contrario; la libertad es exigencia y es responsabilidad, es un compromiso. La libertad se nos ha dado para que voluntariamente nos inclinemos a hacer el bien pudiendo hacer el mal ¿Qué mérito tendría ser bueno si no pudiéramos ser malos?  Leer el resto de esta entrada »

La pregunta más frecuente que me realizan en la calle tan pronto observan mis ojos rasgados es: ¿Eres China? Bueno, en realidad practicamente ni me lo preguntan… solo me gritan “¡Wey Chinaaaaaa!”, situación que ya me da lo mismo pero siempre con ganas de contestarle: “Siii, está en Villamella vendiendo chicharroneeeees” 😀

Bueno, ya hablando en serio, el hecho de que me confundan o no con China, Koreana (más comunes), Vietnamita o Taiwanesa es lo de menos. De hecho, sé que para los occidentales “Todos nos parecemos”.  Sin embargo, situaciones como estas, que YO tomo de la manera más relajada y hasta cierto punto, con un toque de jocosidad, no es igual para otra persona.

Del odio ancestral entre Japón y China me lo sé de memoria. Mi abuelo fue veterano de guerra, combatió durante mucho tiempo en Birmania y dejó muchos apuntes sobre sus memorias siendo combatiente durante la Segunda Guerra Mundial. Mi abuela se encargó, por así decirlo, de contarme los tantos sucesos que han marcado la historia de ambas naciones.

No pretendo dar clases de historia, mucho menos atacar a los Chinos o defender a los Japoneses… no, claro que no. De hecho, ahora que comprendo mejor las cosas y puedo digerir con más crudeza las tantas cifras de las atrocidades cometidas en aquellos años, me siento mal al pensar en tanta barbarie llevada a cabo por los militares nipones. Es una bajeza, es una crueldad y siempre lo admitiré a boca llena.

Ahora bien, ¿tengo yo la culpa de lo que cometieron esos soldados en el 1937?. Por el solo hecho de llevar en mis venas sangre Japonesa, ¿debo de privarme de conocer la cultura China y más aún entablar relaciones con algunos de ellos? Creo que es muy injusto.

Mi amiga Ming, de 19 años de edad, le han prohibido tener contacto conmigo puesto que yo soy descendiente japonesa.  Su abuelo y su padre están totalmente en desacuerdo con que ella tenga algún tipo de relación con cualquiera persona o cosa que lleve el adjetivo “Japonés”.

¿Tenemos Ming y Yo la culpa de lo que pasó en aquellos años? ¡NO! Que Japón debe de disculparse (no sé si es que lo ha hecho), claro que sí. Pero, de ahí a condenar a las presentes y futuras generaciones a un odio del que no somos responsables, del que solo conocemos por libros y relatos; un rencor que no trae más nada que más rencor… no le veo sentido alguno.  De verdad que no, y es muy triste.

Si a eso vamos los Dominicanos le tendríamos tirria a los Haitianos por los 22 años de dominación, y ellos también nos odiarían por la masacre llevada a cabo por Trujillo. Los Latinos contra los Gringos, los Africanos contra los Europeos, los de aquí con los de acullá… y sólo viviríamos en un círculo vicioso del que difícilmente podríamos escapar.

Ojalá y algún día las relaciones entre estas dos naciones, y también con Korea puedan mejorar. Complicado, lo sé… pero, ¿No es ahora de cambiar la historia?

Les dejo con esta cita que me ha gustado mucho expresada por el Presidente de China, Hu Jintao, en su última visita  a la Universidad de Waseda en Mayo pasado.

“La historia es el libro de texto más filosófico, recordamos la historia con el objetivo de garantizar que, en lugar de extender el odio, ambas naciones miren hacia el futuro a través del espejo de la historia y mantengan la paz, de forma que los pueblos chino y japonés puedan mantener vínculos satisfactorios durante generaciones y que todo el mundo pueda disfrutar de paz y estabilidad interminables. “

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(Imagen de Corbis.com)

Buscando qué dice mi mami-web (entiéndase, mami Wikipedia) sobre los uniformes escolares, me topé con esta joyita de definición.

Su origen está en los centros educativos regentados por órdenes religiosas católicas. Sus responsables decidieron establecer una única indumentaria para los alumnos, con el fin de fomentar la humildad de los niños y no hacer distinciones entre ellos por la variedad y calidad de sus ropas, distintivas de la capacidad económica de las familias.

Nótese la parte que subrayo, porque justamente es la que me causa un poco de duda. Si bien ese ha sido una de las principales razones por las cuales se continúa el uso de uniformes escolares, creo que está muy distante de la realidad.

Yo estudié en un colegio privado, pero eso no implicaba que todos fueramos de la clase alta, ¡Qué va!  Eramos una mezclonazna, entre los hijos de “papi y mami”, los hijos de los motoconchos, de los comerciantes. EN el colegio convivíamos los riquitos, los de la “media”, e incluso unos que otros de la franja pobre de la ciudad. Y sí, aunque todos nos vieramos bien uniformaditos y parejos, siempre notabas la diferencia. Oh rayos, ¿no que era para promover humildad y demás?

Aunque el uniforme era el mismo, notabas gran diferencia entre uno y otro estudiante. En un lado del salón, notaba que a la camisa de fulanito estaba descolorida y quizás a punto de romperse; mientras que la de menganito estaba reluciente, se le notaba a leguas ese color vívido del “estrene”. José llevaba unos pantalones bien bonitos, los de Miguel incluso le quedaba brinca-charcos porque eran los que su hermano mayor utilizaba el año anterior. ¿Si esto no es diferencia, entonces qué es?

En clases de deportes era lo mismo. El polo y el pantalón eran los mismos para todos, pero…¿Calzado? Uno de los riquitos con sus apantallantes tenis que le mandó el tío de España o NY, otros tantos, “unos ahí” que encontraron en el mercado público. ¿y hablamos de que no hay diferencia?

Quizás y estoy exagerando, pero me parece que la función de los uniformes hoy en día no está tan ligada con esas teorías idealistas y humanistas de igualdad… es más bien practicidad. Tienes un uniforme, te evitar buscarte 5 cambios de ropa para la semana. Es todo.  Aunque, pue si, es mejor así que algunos vaya con Nautica y otros con alguna prenda enviada a los haitianos como ayuda internacional, y que ellos revendan a los dominicanos en el mercado.

¿Alguien opina?

 

 

 

 

 

Al menos los de la imagen #1 asisten a la escuela…al menos. 

 – Papi, ¿por qué esos señores no continúan asfaltando hasta el barrio de nosotros? ¿Por qué no lo hacen papi, si ese polvo le hace daño a mis pequeños pulmones? Papi, tú que sabes tanto, dime… ombe. No seas malito.

– hmmm… bueno… De seguro se les acabó el asfalto mi amor, pero dime ¿cómo te fue en el colegio hoy? Me dijo tu profe que vas muy bien en matemáticas…

Así, el señor intentó evadir la pregunta de su pequeña hija. Muchos preguntarían por qué evadirla y no contestarle con la realidad. Pero, ¿Cómo decirle a su pequeña criatura que hay “algo” superior a ellos, y no precisamente Dios que ha impedido que se concretice lo que tantas veces se le ha pedido a las autoridades? ¿Cómo decirle a ella que son situaciones injustas a las que han tenido que acostumbrarse?

En estas fechas las alfombras negras engalanan las calles de nuestros barrios de manera simétrica o asimétrica, única y exclusivamente por donde las luminarias del acontecer político harán acto de presencia. Un recorrido en “cuatro gomas”, autoridades hipócritas orgullosos del trabajo realizado y al final del trayecto el tumulto de pseudo-sapiens gritando a viva voz mientras se escucha un : “Prometo…”.

Las alfombras negras tienen un límite, desgraciadamente. Límite de tiempo, de espacio, de calidad. A ellos les faltan conciencia cívica y moral, le falta un toque de justicia y equidad. En su proceso de fabricación se les olvidó agregarle una pizca de ética profesional y un toque de honestidad y democracia.  Las alfombras negras están para unos, y les faltan a muchos más. Están en enero y abril, per difícilmente los veas luego del 16. 

Muchos se estarán preguntando en estos días, aquí y allá: ¿Por qué a nosotros no nos “echaron” el asfalto?   Y las respuestas variarán, depdendiendo de la creatividad de cada cual. Pero la verdad está latente, bien lo dice la Biblia, la verdad permanecerá ante todo. 

Si me preguntaran a mí el por qué de esta situación, le respondería con la mejor respuesta que se me ocurre, luego de ver tantas premiaciones por la TV: “Es que la alfombra solo llega hasta donde el famoso camina”.

Creo que es el momento preciso para citar a P.J. O’Rourke:

A los políticos les interesa la gente, lo cual no siempre es una virtud. También a las pulgas les interesan los perros.

 

La televisión, al igual que otros medios, tiene el poder de crear valores sociales y ejercer influencia en las personas porque ofrece definiciones, presenta modelos, promueve estereotipos y puede ser un exponente de cambios.

La gran influencia que tienen sobre nosotros los medios de comunicación en lo que se refiere a la estética y la apariencia física, genera como consecuencia el desprecio por todo aquello que no se ajusta a dichos cánones, por lo que nos ha llevado a asimilar erróneamente estos estándares con el éxito, tanto emocional como profesional y social.

Constantemente, juegan con nuestras mentes. Nos venden cremas milagrosas, polvos mágicos que ocultan la edad, aparatos revolucionarios y la equivocada idea de que viéndonos mejor físicamente aseguraremos una estabilidad emocional permanente.

Justamente, conversaba con varios amigos en el MSN sobre cuán ilógico es el comportamiento, en especial masculino sobre este aspecto. Muchos de ellos aseguraron que prefieren que sus parejas sean mujeres saludables, aunque tengan uno que otro kilito de más u otra “ñañara” en el cuerpo. No obstante, también admitieron que les gustaría que las mismas vayan de acorde con esos cuerpos perfectos que ven en las revistas y en las películas. ¿Y entonces? (Luima Mode On) ¿Las aceptan porque no hay remedio, o porque realmente les da lo mismo si pesan X cantidad? ¿Algún caballero que me responda desinteresadamente?

Por otro lado, a uno de ellos les presenté la noticia (¡Gracias Joan por el dato!) sobre Chloe Marshall, una chica de 17 años que está compitiendo en el Miss England. Ella, quién mide 6 pies y pesa algo más de 170 libras, está revolucionando dicho certamen puesto que es la primera vez que se juntan las ya clásicas flacas y esqueléticas con esta “gordita con curvas”. Las reacciones fueron variadas, unos la tildaron de estúpida por atreverse a mostrarse con sus kilitos en público y ante las cámaras, mientras que otros se vieron muy escépticos ante el resultado que podría obtener. Juzguen ustedes mismos.

Chloe está dando un revuelo en el mundo del modelaje y los concurso de belleza. Ojalá y aparezcan más valientes. Yo no me opondría. Pero, en lo que eso sucede, ¿Cuántas chicas más tendrán que morir por anorexia y bulimia? Y no me refiero a las aspirantes a modelos, ya las organizaciones competentes están regularizando ese aspecto. Mi preocupación está con esas chicas que vemos a diario en nuestros barrios, en nuestros trabajos, en la universidad… incluso en nuestras propias casas. ¿Hasta cuándo?

Les dejo el siguiente video creado y dirigido por Andy Huang en el que claramente muestra la realidad de muchas mujeres a nivel mundial. Dejar de ser quiénes son por convertirse en aquello que les muestra, justamente la televisión. – Las gracias a Del Goto por pasármelo! 🙂

Nota: Ya que Joan, me ha aclarado el punto y considero que sí está en lo correcto. Retiro las acusaciones hechas por mi persona al medio (la televisión), y al mismo tiempo lanzo las mismas con mayor fuerza a quiénes las dirigen (“seres humanos”).


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