Nikkei Life

Archive for enero 2014

Pues que estamos aquí porque la vida es un ciclo. Un conjunto de marañas, volteretas, enredos, caminos cruzados.  Pero todo se resume en “principio” y “fin”. 

Inicias a vivir y terminas de vivir.
Todo lo que sucede en ello es un conjunto del mismo proceso que se repite una y otra vez sin cesar. 

La clave está en iniciar.
Desde que tus padres te concibieron o desde que saliste del vientre de tu madre, desde que distes los primeros pasos. Todo comienza por alguna razón y en determinado momento, nos guste o no.

Pero ¿Cómo saber cuándo iniciar?
Y me dirás, ¿Iniciar qué cosa?
A lo que te responderé: Lo que sea que ahora mismo estás pensando. 
La respuesta reside muy dentro de nosotros. 

Que no soy nada filosófica o muy hippie. 

Decidir empezar a estudiar una nueva carrera, abrir una cuenta de ahorros para el futuro, pedirle matrimonio a tu chica, aumentar la familia. 
Todo eso es sinónimo de iniciar, de empezar, de comenzar, de abrir un nuevo ciclo. 

¿Y cuándo empiezas el ciclo?
Cuando tú te motives a hacerlo. 

Nosotros somos tan vagos y cobardes que nos cansamos de buscas excusas muy convincentes para postergar el inicio de ese ciclo que deseamos empezar. 

No.  No.  No estoy diciendo que se pongan a parir muchachos sin tener donde vivir.  Tampoco insinúo que te inscribas en la universidad si no tienes la más remota idea de qué carrera te interesa. 

Eso es falta de sentido común y para empezar un proyecto, aunque sea un poquito de preparación y organización debería de existir. 

Yo me refiero a esos inicios que dejamos postergados esperando a una señal, a una fecha, a que se case Fefita… 
Empezar es tan sencillo como hacerlo sin miedo…  O más bien, hacerlo a pesar del miedo. 

Yo tengo tantos ciclos en proyecto que han pasado años y años sin comenzar. 
Creo que ya es tiempo de enfrentar mis temores y comenzar.  Porque solamente comenzando es que se llega al final.

¿TE ANIMAS A COMENZAR?

Llegó el 2014. 

Cuando era adolescente, por alguna razón extraña, sentía cierta atracción por este número, o mejor dicho, por este año. 

2014 sigue al 2013.  Sí.  13.
Ese número que es tan rechazado y visto de mala manera en muchas culturas porque es de mala suerte. 
Y no es que yo sea supersticiosa, pero, la costumbre hace ley en muchas ocasiones.  Así que, hablar del 2014 es sinónimo de borrón y cuenta nueva, de calma después de la tormenta, de paz y tranquilidad tras el calvario. 

Yo no soy de las personas que se proponen metas cada año.  Soy un alma en libertad y prefiero vivir disfrutando poco a poco, con lo que tenga y a quiénes tenga junto a mí. 

Pero este año 2014 me tiene cautivada desde hace mucho.  Quizás porque en julio se cumplirán diez años que terminé el colegio.  O porque este año cumpliré 27, y la suma de ese número es 9, que resulta ser uno de mis favoritos.

La verdad es que no entiendo exactamente por qué me atrae tanto este dos mil catorce.  No lo conozco.  Apenas y  llegó a mi vida unas 25 horas atrás, así que no puedo decir muchas cosas. 

Lo cierto es que luego de doce meses, con suerte, yo estaré pasando resumen de lo bien o mal que me vaya.  Lo cierto es que el tiempo no espera, ni se hace eco de cursilerías, por lo que mientras escribo estas líneas, el reloj avanza y acorta mis horas de sueño. 

Hola 2014.  Aquí estás. 
Vamos a empezar. Que aunque no tenga resoluciones anotadas, me permitas (y yo haga mi parte)  de ser feliz y hacer feliz a todo el que se deje.

Hola 2014.  Gracias por llegar.  🙂

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