Nikkei Life

Archive for mayo 2011

Esta mañana bien temprano transitaba a pie  por una de las avenidas más concurridas -y entaponadas- del casco urbano de la ciudad capital.  Un viernes como cualquier otro, decía yo, para mis adentros. Las personas ataviadas con sus trajes de oficina, las chicas en tubi pero maquilladas -vaya jocoso contraste-, el ruido de los carros, todo “normal”… Santo Domingo, al fin y al cabo.

De repente, una chica me detiene en plena acera. “¿Querrá que le diga la hora?”, “¿Será que necesita dinero?”, “¿Estará perdida y necesita orientación para llegar a su destino?”.  Fueron algunas de las preguntas que surgieron en mi cabeza. Ella, de contextura delgada y esbelta, de ojos negros y cabellera larga, una morenita linda como dirían mis amigos.

-¿Tú eres la Japonesa de Dajabón?, ¿Verdad?

¡Wow! Pensé.  Y admito, que hasta me asusté un poco. ¿De dónde me conoce? Quizás y sea de allá, o me vio en alguna de sus vacaciones. A lo mejor tiene parientes en mi pueblo. Qué se yo cuántas posibilidades infinitas se me ocurrieron en un par de segundos.

-Ermm.  ¿Por qué la pregunta?

-Yo sé que eres tú.  Tú eres la chica del blog Nikkei Life. ¿Verdad?

– Jajajaja. Sí, soy yo.

-Qué chulo. Yo te leo desde hace 4 años. Tienes que seguir escribiendo, mira que últimamente estás privando en tacaña. Tus posts me llegan por mail así que dame una sorpresita un día de estos.

-Jajajaja. OK. Estoy tratando de volver a retomar el hábito. Gracias por leer mis ocurrencias.

Así como se detuvo a preguntarme, así de efusivo fue el abrazo que me dio, y se marchó. Pero qué bueno fue encontrarme con ella. Saber que estas letras no se pierden en el espacio virtual. Mis dos minutos de fama me permitieron comprender el gran poder que tenemos en nuestras manos, sea para hacer bien o hacer el mal. Este encuentro se suma a la constante motivación que he recibido en los últimos días por varias personas.

No me puedo quejar. Ha sido un maravilloso viernes y espero que continúe así a lo largo del día. Gracias Karina por el regalo mañanero.

P.D. – Karina, gracias por el regalo mañanero. Estos minuticos de fama también van para ti. Besito!

Hoy, en Nikkei Life estamos de festejo.

La persona a quien he denominado como mi segundo papá en estos menesteres (sí, yo lo adopté recientemente, sólo que él todavía no se entera) está de cumpleaños.

Buen escritor, cherchoso y atronao, padre amoroso de su hijita Vielka, un tipo jevi.  Dueño y administrador del blog 40 Limones, ni más ni menos: Darío Martínez Batlle.

Mr. Limón, Papá Dios te colme de bendiciones y te permita cumplir un bojote más para que encamines los pasos de tu hermosa hija por el sendero del bien. Aunque no tengas planes yo sé que tu chiquitina (que está grandota y preciosa) hará de este día toda una bulla y un escándalo solamente ¡Porque papi cumpleaños!  (Que sí, que yo sé lo que es Daddy’s little girl).   🙂

Para que no quede dudas, aquí el pastel de limón.  Hope you like it!

Maiveline fue mi compañera de estudios en la universidad durante varios años. Desde que nos conocimos congeniamos bastante. Nuestras personalidades siempre han sido muy parecidas y a mí me gustaba en sobremanera conversar con ella.

Cuando la conocí, Maiveline se había separado del padre de su hija, y estaba enfrentándose a la cruda realidad de ser madre soltera, de trabajar y estudiar al mismo tiempo.  Había un “je ne sais quois” en ella que me hacía admirarla por el simple hecho de enfrentarse a la vida de la manera que lo hacía, sin bajar la mirada, sin sentirse a menos, sin quejarse un segundo.

En el 2007, ocurrió un incidente bien trágico en el que Maiveline casi pierde su vida, cuando el autobús en el que se trasladaba fue embestido por un rollo de metal que se “soltó” de la parte trasera de una patana.  (Ver noticia en Diario Libre). Todas las personas que estaban sentadas cerca de ella, incluyendo el conductor del autobús, fallecieron prácticamente al instante. De hecho, según comentarios de los curiosos que se acercaron al lugar, a ella la colocaron junto con los muertos porque no parecía tener signos vitales.

Maiveline resultó con múltiples fracturas en la columna vertebral, en sus extremidades, gran pérdida de sangre y una serie de complicaciones que peligraron su vida durante unos días. El médico fue muy honesto con ella: “Tus vértebras fueron bien afectadas. Tu fémur se ha roto en varias secciones. Difícilmente vuelvas a caminar, y si lo haces, será con un bastón”.

Luego del accidente fuimos a visitarla. Se le notaba pálida y un poco confundida, no era para menos. No quisiera imaginarme la gran preocupación que tuvo pensando en cómo le haría para mantener y cuidar a su pequeña hija de 5 años.

La última vez que la vi no podía caminar. Estaba sentada en una silla de ruedas corrigiendo la tarea de su hija, mientras la observaba con esos ojos llenos de amor que hoy día que soy madre comprendo a cabalidad. Recuerdo haber llorado cuando me dijo: “Tania, Yo de esta vaina me paro, ojalá sea lo último que haga!”

Desde entonces, no volví a saber de ella. Pregunté a unos cuantos compañeros pero todos habían perdido contacto con ella.

Este domingo pasado, estaba en la cafetería de Caribe Tours re-abasteciendo el combustible estomacal cuando una voz conocida me saludó desde atrás: “Wepa, pero la japonesita sí que anda linda y elegante”. Giré y ¡Ahí estaba Maiveline! La “enana” de siempre, con su pelo corto, con esa sonrisota que le caracterizaba en la universidad.

Sí, ahí estaba ella: De pie. Sin muletas, sin bastones, sin alguien que la sostuviera.  Era ella. Mis ojos no daban crédito a lo que veían, pero… ¡Era ella!

Rápidamente nos actualizamos. Le conté de mi hijo, de mi actual trabajo, de los futuros planes con mi pareja. Le pregunté por su niña y me respondió que ahora están viviendo en Santiago, mientras ella trabaja como profesora de inglés en un instituto de idiomas.  Intercambiamos teléfonos y quedó sellado en un fuerte abrazo el compromiso de juntarnos pronto recordar viejos tiempos y compartir con nuestros hijos.

Abordé mi autobús y regresé a Santo Domingo con una sonrisa en mi rostro y un corazón saturado de alegría, pensando en lo maravilloso que sería si existieran muchas Maiveline’s en el mundo. Personas que no se dejen doblegar ante los eventos tristes de la vida, que continúen adelante con optimismo y perseverancia.

¡Enhorabuena Maiveline! Ahora es que falta mucho mambo por bailar… 🙂

Hace días que no me sentaba a escribir acá. Realmente, me hace falta este espacio de bytes & links.  Quizás sea melancolía, a raíz del post publicado recientemente por Darío Martínez Batlle en su blog 40 Limones sobre la desaparición de los “blogueros”. Quién sabe, y ese “boche” diplomático haya sido el motor que había estado esperando durante todo este tiempo para volver a plasmar mis “nikkeriadas” en mi rincón virtual. Así que, sin ganas de sonar a payola, vamos a agradecerle a Darío por quitarme las lagañas de los ojos y la cuaja de los dedos. 🙂

Regresemos a la idea inicial de este post.

Como todos saben (y si no lo sabía, entérese) sigo viviendo separada de mi hijo. Una separación física que decidí hacerla de manera voluntaria, en beneficio de los dos, pero que ha sido la prueba más difícil que me ha tocado llevar a lo largo de estos 24 años.  Afortunadamente, vivimos en el mismo país y quincenalmente me lanzo a la aventura de ir a verlo aunque sea por unas 20 horas…cueste lo que me cueste.

¿Cueste lo que cueste? Sí. Seamos sinceros. Ir a Dajabón NO es un cachú. Si fuera un pueblo turístico, pero imagínense: La frontera. Dirán las compañías de autobuses, “¿Y pa’qué? ¿A buscarle la madrina a quién?” De hecho, solamente una operadora brinda los servicios de transporte a esa ciudad fronteriza.

La tarifa actual es de RD$ 350, por lo que un viaje redondo resulta en RD$ 700.  Usualmente voy cargada con muchas cosas y eso implica utilizar servicios de Taxis. Así que le sumamos RD$150 que es lo que regularmente cobran desde mi casa hasta la terminal Azul-Amarilla de CT.  ¿Alguien dijo hambre en el camino? Consideremos que son 5 horas de viaje como mínimo. Un lunch ligero de sandwich + jugo = RD$110.  ¿Antojitos extra? ¿Dulcitos de leche para llevar? ¿Canquiña? ¡No, no hay cuarto!  En este punto ya estamos cerca de los RD$1000 pesos, y eso que no he contado lo que uno siempre tiene en presupuesto por si se presenta algún imprevisto… Just in case.

Seguimos.

Sé que como toda compañía, CT busca aumentar sus ingresos. Ganancia sobre gastos.  Estoy consciente de que casi toda la Autopista Duarte está llena de baches y el tramo Dajabón-Montecrisi da pena y vergüenza. Esa vaina no sirve (esperen otro post sobre esto después).  Todo eso lo sé y no lo voy a tapar con un dedo. La lógica no me permite hacerlo. Sin embargo, ¿Es necesario llegar al límite de tener que viajar durante 5 horas “muriéndote” del calor porque el sistema de aire no funciona y las ventanas están selladas ya que no permiten abrirlas?   ¡POR FAVOR!

Trato humano y decente es lo que pido. Yo no necesito lujos. Solamente quiero poder utilizar un autobús decente, sin piezas que se desprendan a mitad de camino. Asientos reclinables que se puedan reclinar (para algo ese nombre, creo). Sistema de aire que funcione porque para algo lo tienen. Y el audio, bueno, mejor que la dejen ahí. Total, eso ni sirve ya.

Lamentablemente, CT se está aprovechando de la realidad innegable de que es la única alternativa de transporte directo con que contamos los Dajaboneros. Y como todas las cosas, dos que tres gatos que nos quejemos, nos les va a molestar en lo absoluto.

Pero.. ¿qué puedo hacer? Ver a mi hijo es mi alegría quincenal. Y si estar con él implica pagar este alto precio que altera mis bolsillos y mi grado de tolerancia, lo hago con todo el gusto del mundo. Por que él, —él todo lo vale.

Pero bueno, aquí está la queja y el desahogo. Ya veremos qué haré con ellas. Si se quedan divagando en las calles de bytes o terminan en otro lugar más público. Time will tell…

Nos leemos en otra.

Cuando no estás mucho en tu casa, la dejas deshabitada y descuidada por largo rato sucede algo inevitable: Polvo!

En Nikkei Life estamos re-organizando todo para que los visitantes no se den tantos  “guamazos” con las cajas y objetos que andan rodando por ahí.

Nos vemos en unos días. Pendientes,  eh!


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