Nikkei Life

Archive for diciembre 2010

31 de Diciembre, 2010 … Fecha que no volverá atrás. A partir de mañana, estaremos estrenando un nuevo año, nuevas agendas, nuevos calendarios, todo un ciclo renovado.

Pienso por un instante. ¿Cómo fue este 2010 para mí? En resumidas cuentas fue un gran año, de emociones encontradas, de retos, de grandes victorias, de muchas lágrimas y sonrisas que las aminoraron.

Sin lugar a dudas, un año de cambios. Dejar mi hogar, mi entorno, separarme de mi familia y mi hijo adorado ha sido el reto más significativo que he tenido en los últimos tiempos. Ciertamente mudarme del pequeño pueblo fronterizo a la gran “metrópoli” caribeña, ¡No ha sido fácil!

Cambios trascendentales y necesarios. Agradezco profundamente a quienes me acompañaron, a los encuentros de bendición, a quienes se sumaron en este caminar. Los que ya no están físicamente, los recordaré por siempre. Bendita soy en haberles conocido en determinado momento de mi vida.

Un año de desafíos, en el que aprendí el poder de la tolerancia. Varios tropezones en el ámbito de salud, pero encaminada a mejorarlos por completo. Sé que así será. Confío en mi Dios Todopoderoso, en los excelentes médicos que siguen mi caso, y en la luchadora innata que está dentro de mí. Uno de los mayores logros ha sido convertir en cifras reales mi deseo y convicción de adelgazar, proyecto que inició en concreto luego de mediados de año. 20 libras menos, 15% menos de grasa corporal y montones de ganas de mejorar mi salud -no simplemente respecto al peso-. Dios tiene el control y yo las ganas de hacerlo realidad. ¿Qué mejor?

Recibo el 2011 con esperanzas de que sea un gran año. Mi resolución única: Vivir. Sí, vivir, y todo lo que implica para mí. Hacerlo con valentía, con sensibilidad, con alegría y convicción de que en mis manos está aprovechar cada instante y hacer de ellos experiencias enriquecedoras.

Gracias a cada uno de ustedes que dedican parte de su apretada agenda a este rincón Nikkeriano, que la Paz del Señor esté con ustedes y su familia. ¡Espero volverles a ver en el año próximo!

¡Feliz Año Nuevo! 🙂

 

¿Quién en su vida no se ha sentido identificado con una canción, una fotografía o un poema? Creo que a todos nos ha pasado aunque sea una vez.

Hace mucho tiempo que deseaba escribir este post. Sin embargo, esperaba el momento adecuado (y la inspiración necesaria) para hacerlo de la mejor manera posible.

Hace 4 años que incursioné en la magia de los blogs, y uno de mis primeros favoritos data desde esta fecha. El es un gallardo. Un manso, cimarrónico, galipótico y chulámbrico. Grandote de estatura, enorme en bondad, dueño de inigualable sonrisa y bendecido con una hermosa familia. Fotógrafo, ajedrecista, ornitólogo, dominicano, deportista, hombre, amigo, hermano, padre, esposo, … ¡Mi tocayo Pedro Genaro!

Bahía de Neyba

Fotografiar no es simplemente tener la cámara más moderna, el lente adecuado o el objetivo bien centrado. No. Las técnicas y las herramientas pierden su importancia cuando en el corazón del fotógrafo no existe la bondad y el amor. Pedro tiene ese toque especial y segura estoy que gracias a su gran corazón, sus fotografías saben calar hasta lo más profundo de mi ser.

Es mágico contemplar una simple fotografía y recibir de ella un montón de enseñanzas. Perderme en una de ellas y sentirme como en casa. Saber que en ellas tengo mi refugio.

Quizás pensarán que es un poco pendejo o alocado afirmar a viva voz que una fotografía puede cambiarte la vida. convertir sus tristezas en alegrías, motivarte a cambiar tu mentalidad respecto a problemas personales, a sonreír, a continuar, a caminar sin titubear… pero desde pequeña me han enseñado a darle al César lo del César.

Pedro, he aquí parte de mi reconocimiento a tu gran talento y mi agradecimiento infinito al Padre Celestial por utilizarte como instrumento de su bendición. Gracias por existir. Por crear. Por los sueños y las alegrías que provocas. Gracias por abrir mis ojos y salvar mi vida en más de una ocasión.

¡Te Quiero! :=)

Empecemos con una autopresentación sencilla: Soy Madre. A lo mejor y por mi condición de soltera salgo del “estereotipo” de lo comúnmente aceptado. ¿Saben algo? Realmente, no me interesa mucho el pensar de los demás en ese sentido.

Cuando descubrí mi embarazo, a finales de Enero del 2009, admito que sentí una amalgama de sentimientos negativos: culpabilidad, temor, vergüenza, miedo, incertidumbre, … depresión.  Las miradas frías de personas que afirmaron sentirse decepcionados por mis actos, los pseudo-amigos que se marcharon al primer instante de ser partícipes de mi estado, los dedos acusadores, todos ellos sumados a mi conciencia me encasillaron en un estrecho cajón lleno de lágrimas y frustraciones.

En medio de tanta marea, me pregunté muchas veces: ¿Viviré con la gran culpabilidad de haber tenido relaciones sexuales pre-matrimoniales, de no cuidar mi reproducción y no haber investigado más sobre los ciclos irregulares y sus sefectos en la ovulación? ¿Me sentiré así de mal para toda mi vida? ¿Debo de resignarme a vivir una maternidad llena de sufrimientos y fracasos?

Mi respuesta fue y será por siempre: ¡NO!
He leído muchas veces que los errores están ahí para ayudarnos a superarnos. Nuestra imperfección –y no es una excusa- nos hace fallar y equivocarnos. Mayor error sería hacernos de la vista gorda y transitar por la vida echándole culpas ajenas a personas que poco o nada tienen que ver con nuestras situaciones.

Hoy por hoy admito a viva voz que aprendí la lección, ¡Vaya que sí!
Ella me ha hecho más mujer, más fuerte, más paciente y tolerante. Admitir ante todos que te has equivocado, levantar la mirada y continuar caminando es difícil. Muy difícil. Sin embargo, yo tengo en mi corazón el mayor regalo que me ha obsequiado Dios Padre (el mismo a quien le falté) : el perdón y la gran satisfacción de saber que no tengo motivos para avergonzarme.  (Isaías 54).

Hoy me declaro bendecida de los pies a la cabeza.
Aquella criaturita que se formó en mi vientre, a quien opté responsablemente de no abortar, ese retoño de vida y encomienda Divina crece sano y fuerte bajo su infinita protección. 🙂 Un niño lleno de amor, sonriente, iluminado por la Luz del Creador.

Así como Agar fue recompensada con agua en el desierto, sé que Dios tiene grandes propósitos para mí y mi hijo. Por eso vivo en Victoria, confiada en que El hará según su plan en el momento adecuado.

P.S. – ¡Gracias a mi escuadrón de ángeles terrenales por hacer de este caminar un poquito más llevadero. A mis amigos-hermanos que la vida me ha obsequiado, Emma, Alex, Amaury.  A todas mis amigas, madres, solteras o casadas que siempre han estado ahí con los consejos sabios y certeros. A todos… simplemente a todos. Dios los bendiga!


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