Nikkei Life

Archive for mayo 2010

Era una noche de verano, calurosa e inquietante. Mi mente estaba confundida, llena de temores, temblorosa porel miedo, la incertidumbre de lo desconocido. ¿Estaré bien? Me pregunté una y otra vez. ¿Acaso saldremos airosos de esto? Pensaba una y otra vez mientras las agujas del reloj continuaban su marcha.

Cerré los ojos y me transporté a aquél lluvioso sábado de enero en el que entre llantos te comuniqué que en mi vientre ya estaba creciendo la criatura que te convertiría en abuela por primera vez. Recuerdo tu cara de preocupación. Yo creí haberte defraudado, supuse haber perdido tu confianza, haber tirado a la borda lo mucho que me habías inculcado durante 22 años. Pero tú, más allá de condenarme y señalarme, estuvistes junto a mí. Me abrazaste tan fuerte como no lo habías hech antes. Me hiciste “piojitos” y mirando mi rostro humedecido por las lágrimas me recordaste con voz firme que siempre estarías para mí.

Ahí estabamos. Te vi luchando con el sueño en plena madrugada sentada en esa pequeña silla plegable ubicada al lado de mi camilla. Era una mezcla de emociones encontradas. No te quería ver así, trasnochada y preocupada por lo que sucedería conmigo y mi bebé. Pero por otro lado, ¿A quién habría deseado tener junto a mí en un momento tan importante y especial si no era a la mujer que no tuvo reparos en sacrificar su vida para darme la mía? Tú querías estar conmigo y yo necesitaba de tus palabras, de tus mimos, de tus “Ganbatte” (-Esfuérzate-)

24 horas y montones de antibióticos después llegó el gran momento. La enfermera vino a buscarme, me llevarían a sala de cirugía para preparar todo lo de la “salida” del bebé. Recuerdo cuando me apretaste mi mano fuertemente hasta la puerta de cristal en la que tristemente tuvimos que aguantar nuestras ganas de acompañarnos mutuamente por políticas del hospital. Acaricié mi abultado vientre tiernamente, sabía que sería la última vez que le daría mis cariñitos desde fuera. Ya en horas mi pequeño estaría entre mis brazos.

Unos pocos minutos para atacar mi sistema nervioso, otros pocos para abrir mi cuerpo, y ¡fui feliz! Una cosita chiquita, rojita y viscosa, de contextura delgadísima  fue colocada sobre mi pecho por unos segundos. “Es tu hijo, bésalo para que lo revisemos”. Lo besé. Lo bendije en nombre de Dios. Cerré mis ojos y elevé una oración de agradecimiento. Nació vivo, lo escuchaba gritar a todo pulmón. Si era prematuro o bajo de peso sabía que podría superarse con cuidados y amor. ¡Estaba ahí conmigo y es lo que más me importaba!

De vuelta en la sala de maternidad. Ahí estaban ustedes. La creadora de mis días y la pequeña criatura que llegó a cambiarnos la vida por completo. La mujer que más amo sosteniendo entre sus brazos al ángel que irradia con su luz cada uno de mis días. Era el cuadro perfecto. Mi madre y mi hijo junto a mí.

9 meses han transcurrido en el que juntas hemos reído, llorado e incluso hastiado de las incongruencias burocráticas. Tiempo en el que he crecido y madurado más de lo que podría haberme imaginado. 9 meses 12 días en los que sin importar las dificultades hemos estado juntas dispuestas a obrar en beneficio de ese pequeñito que nos alegra el existir.

Gracias mamita linda por tu comprensión y amor, por el reto asumido a tus años de cuidar de Hiroshi Alejandro… Gracias del alma por hacerme feliz con tu existir. Gracias mamita por demostrarme con tu ejemplo que ser madre soltera no es motivo de lamentaciones, de pena o sufrimiento. Qué más decirte si ya todo lo sabes, que te amo con todo mi corazón y que cada día le pido a Dios que te deje con nosotros muchos años más.

Mi hijo y mi madre - Diciembre 2009

¡Feliz Días de las Madres Mami… esta vez juntas las dos!

****Muchas felicidades a todas las madres dominicanas. A esas mujeres valerosas que son pilares del hogar, amorosas y rectas que con su amor y ejemplo forman la próxima generación. A todas, mi cariño y admiración en este día. Que la bendición de Dios Padre sea con cada una de ustedes y sus familias todos los días de sus vidas. ****

(Imagen encontrada en el blog de Patricia Bueno)

Ciertamente hoy no es jueves, no estamos en el mes de noviembre, … no es ninguna fecha “comercial” o “tradicionalmente” especial para que un post lleve el presente título.  Sin embargo, no creo que deba de llegar una fecha en específico para experesar nuestro sentir por los demás.

Desde la mudanza al mejor estilo “juye-juye” (internamiento de Hiroshi a menos de una semana para empezar el trabajo) no había tenido la conjugación de tiempo + inspiración + internet para sentarme unos minutos a dejar plasmadas mis palabras en esta esquina virtual.

Recuerdo esos días de febrero llenos de impotencia y frustración al ver a mi pequeño hijo postrado en una cama.  Me repetía una y mil veces que no era justo que pasara por tantas penurias siendo tan inocente. ¿Por qué tenía que verlo llorar mientras buscaban una diminuta vena dentro de su piernita? … Pero Dios sabe hacer sus cosas, El maneja su cartón.  El en su inifinito amor me dejó entender que pese a la situación negativa, debía de sentirme tranquila puesto que estaba rodeada de familiares y amigos que estuvieron presente (física y espiritualmente), ángeles que no me dejaron sola en ningun instante.  Hoy, meses después, puedo reflexionar y alabo a mi Dios porque en medio de la tormenta tuve de donde aferrarme. A los que nos ayudaron económicamente, a los que fueron personalmente a visitarnos a la clínica, a los que se mantuvieron al tanto vía telefónica / Facebook / Twitter.  A todos ustedes, ¡Muchas Gracias!  Me alegra informarles que desde aquél día Hiroshi no ha tenido ningún otro problema de salud y ha estado bien sanito creciendo mucho, irradiando a todos con su luz.

Por otro lado, vivir sola no es un cachú. Bueno, nadie ha dicho que sea fácil.  Más allá de tener que lidiar con hacerme cargo de todas mis cosas,  lo más complicado ha sido el tener que adaptarme a la falta de pequeños -pero emocionalmente grande- detalles: escuchar a Hiroshi temprano en la mañana, el olorcito a café con leche que toma papi, el cantar de los pajaritos en la mata de mango,  los ladridos del viejo Pochi … todos esos pequeños detalles que me hacían despertarme cada día con la sensación de que realmente estaba en casa.

Obviamente, aquí en Santo Domingo no siento en absoluto que esté en un hogar cálido. Simplemente es mi lugar de trabajo, donde debo de estar para poder proveerle mejores condiciones de vida a mi hijo y padres. La gran ciudad capitalina que por desgracia, no me ofrece las mismas posibilidades de desarrollo que mi natal Dajabón.

Han sido muchas las noches en las que mojé mi almohada llorando en silencio extrañando las sonrisas de mi hijo y el abrazo de mi madre, extrañando mi habitación, mi casa y todo lo que ello representa para mí.

Hoy, poco a poco estoy aprendiendo a lidiar con esta… que no deja de ser mi realidad. Aceptando que Santo Domingo fue bulloso antes de yo llegar y que seguirá así por mucho tiempo más, que esta ciudad no dejará de ser inhóspita para mí a menos que yo no cambie mi actitud ante ella.

Y entre tantas quejas, lloriqueos y sensación de soledad encontrada AGRADEZCO INFINITAMENTE a todos aquellos que me han brindado su mano amiga, a los que me han invitado a salir y conocer un poco más esta ciudad, a los que se les ha importado responder una llamada en medio de reuniones sólo para indicarme cómo llegar a cierto lugar, a los que me han acompañado a llorar y reír en esta aventura que recién empieza…  a todos ustedes que no necesito mencionar nombres puesto que saben quienes son les reitero mi aprecio y mi amistad.

Muchísimas gracias por hacer de mi vida capitaleña un poco más llevadera y alegre. Bendiciones para cada uno de ustedes y sus familias, que nuestra amistad se fortalezca cada día más.

De igual modo, gracias a todos los que siguen visitando este espacio a pesar del gran abandono que le he dado en los últimos meses. De verdad que no tengo palabras para transmitirles mi aprecio y agradecimiento. Abrazos y cariños desde República Dominicana. 

¡Hasta la próxima!


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