Nikkei Life

Archive for octubre 29th, 2008

No quiero que apruebes mi forma de ser. Simplemente necesito que me respetes, y aunque no entiendas todas estas cosas puedas brindarme tu mano amiga cuando te necesite.

Sé que no soy la mejor personal de mundo. Que estoy llena de porquerías que hasta a mí me disgustan… y no es que sea masoquista, pero es un tanto difícil deshacerse de tu escama cuando la única piel que tienes es esa.

He vivido 21 años de una manera extraña, como muchos de los que me conocen suelen decir. Bien nos dicen que nuestra primera sociedad es la familia, lugar que junto a la escuela forja nuestro carácter y personalidad. En mi caso, mis dos sociedades eran tan distintas. En un lado encontraba apapachos, muchos besitos y abrazos por parte de mis profesores y compañeros. Donde los “¡Qué bien lo hiciste!”, “¡Bravo Pequeña” me sacaban una sonrisa. Me sentía motivada a seguir trabajando, me gustaba que me dijeran cosas lindas.

En casa las cosas iban un tanto distintas. Hasta el día de hoy he vivido 21 años sin abrazos, sin besos, sin te quieros… un cariño que para los occidentales puede que sea un “amor seco”. Un hogar donde nunca existieron muñecas en cumpleaños, donde no se colocaban arbolitos, donde Santa y los Reyes nunca llegaban… y claro, para nada había Cena de Navidad. Nunca experimenté nada de esto, simplemente por razones culturales, y a lo mejor la forma de ser mi familia. Un hogar donde la palabra de apoyo principal era: “Sigue estudiando”, “No hay porque llorar”, “Lee y aprenderás”, “Si conoces muchas cosas, serás grandiosa”.

Para mi abuela siempre le fue muy complicado explicarme que las lágrimas son símbolo de derrota, en especial para los nipones. Una lágrima implicaba que el resto del equipo, mi familia, debería de esforzarse al doble porque mi tristeza no me permitiría concentrarme en lo que me correspndía. Algo que ahora, más o menos entiendo, pero a los 5 años me parecía algo sumamente injusto y cruel.

Toda esta amalgama de situaciones me han hecho la persona “rara”, “extraña” y “especial” que soy. A lo mejor y no escuchar tantos “Te quiero” me hace demostrar con palabras y acciones mi afecto hacia los demás. Reconozco que a momentos puede y me exceda, al límite de que en vez de ser cariñosa me convierta en un fastidio para los demás. Nunca ha sido mi intención inicial, pero lo cierto es que muchas personas se han marchado de mi vida por ese detalle de mi personalidad.

Yo no sé si mis amigos se han sentido fastidiados, exhaustos y en buen dominicano jartos y pico de mi forma de ser. A veces y pienso que demasiado aguantan mis ñoñerías, que si yo fuera ellos, me diera a mí misma una buena bofetada y me haría ver que la vida no está para andar diciendo tantas cursilerías. Eso les hace ser especiales… Gracias a los valientes que están sobreviviendo a diario de mi dosis extrema de cariño deshinibido.

Esta es una lucha constante. Querer sin que se harten de mí, expresar sin parecer obsesiva, que me quieran y no sea por obligación o mera cortesía. Una lucha conmigo misma, entre el ser y no ser. Una batalla interna entre lo que soy y quien deseo ser. Alguien me dijo en una ocasión: “Te preocupas demasiado por las personas. Deja que sean ellos mismos. Total, son seres diferentes a ti, y es su libertad ser como ellos desean ser. Tranquila que quien te quiere te querrá, a su manera, pero te querrá”. Comprender esa realidad me ha sido difícil, pero ya es hora de cambiar.

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