Nikkei Life

Archive for septiembre 13th, 2008

Las relaciones que experimentamos varían de época en época, claro, con las excepciones muy especiales que puedan darse.

Durante los años del colegio, mi círculo social se limitaba a los chicos de mi curso y unos que otros de los grados superiores o inferiores; así los del instituto de inglés, los del Japonés y aquellos pocos de la Academia de Música.

Los años han pasado, he visto el calendario y me he fijado que hace más de 4 años que terminé el colegio. Y con ese feliz término de mi época escolar de “mantenida” (entre comillas, porque lo sigo siendo parcialmente), también me he visto distanciada de muchos de esos muchachos con quienes compartí no solo libros y cuadernos, sino un montón de instantes únicos e irrepetibles. Los recuerdos de mi adolescencia, alegres y tristes, pero todos míos e importantes, los viví junto a ellos.

Al comenzar la universidad e involucrarme activamente en el mundo laboral, las relaciones basadas solamente en créditos por pagar y profesores ególatras no me llenaban del todo, sentía la necesidad de que pese a mi edad y mis aficiones similares con mis compañeros de clases, había una distancia que poco a poco era mucho más evidente.

Dice mi madre que comienzas a madurar cuando al leer el periódico te fijas en la taza del dólar, el precio de la gasolina, y te lees la sección de economía. No simplemente te fijas en el horóscopo, las recetas de cocina o los resultados del juego de anoche. Los compromisos, quieras o no, hacen que madures de algún modo. Y esa madruez trae consigo un rejuego de ambiente, físico y/o emocional, que necesariamente te acerca a otros con tus mismas necesidades o cualidades.

Hoy por hoy, admito que ya no frecuento tanto los compañeros del colegio. Aún nos reunimos, pero en cada reunión se hace mucho más evidente la madruez de cada uno y  esos detalles que se han convertido en nuestras prioridades principales. Algunos ya son padres y madres de familia, otros nerviosos y extasiados por haber cobrado el primer sueldo y unos pocos siguen limitados en cuanto a gastos y salidas porque aún “papi y mami les controlan todo”.

Reflexionando sobre las relaciones que tengo ahora, puedo decir que tengo la dicha de llamar “AMIGO” a ciertos seres terrenales con cualidades no-perfectas pero angelicales. Estoy rodeada de personas, pocas en cantidad, pero extremadamente valiosas que me recuerdan lo maravilloso que es la amistad. Esos que me han visto llorar, esos que me han visto enojada y aturdida, a los que me han llenado de consejos y han sabido darme mis pescozones cuando ha sido necesario. Esos que se dejan despertar en plena madrugada, a los que han estado en el hospital y las muchas clínicas… a los que con o sin dinero se han aparecido en el pasillo del Corominas… a todo ellos mi gratitud y mi lealtad pro siempre.

Las relacionas cambian, me he dado cuenta. Pero qué bien, darte cuenta que sin importar la etapa que vivas, tienes a tu alrededor personas valerosas que hacen tu recorrido por la vida un poco más agradable.

¡Gracias F.Bordas, R. Abad, Y. Masuoka, I. L’Official….!  Este post va especialmente a ustedes…  ¡Los quiero!

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