Nikkei Life

Archive for enero 12th, 2008

Padre Nuestro, que estás en los cielos, en la tierra ancha y en las áridas arenas del desierto, en las empinadas montañas y en los extensos valles; en las aguas mansas de los ríos y en las tempestuosas aguas de los mares; en el cantar de los arroyos y en el sonido fuerte de las cataratas; en los árboles que crecen hasta el cielo y en las yerbas que inclina el viento; en el fruto jugoso y en las fértiles semillas; en los pájaros que cantan en la mañana y en las fieras que viven en las junglas.

Santificado sea tu nombre, y en tu nombre te pedimos que nos permitas reflexionar antes de actuar, para así hacer que nuestras vidas sean vidas de bien al servicio de los demás. Para que evitemos acciones precipitadas de las cuales, luego tenemos que arrpentirnos.

Venga tu reino y llegue hasta el último rincón de este planeta. Para que acaben las guerras, el hambre, la ignorancia, las injusticias y, todos los hombres, mujeres y niños que habitamos en este mundo, podamos vivir en paz. Para que el hombre no sea el peor enemigo del hombre. Para que reine la solidaridad y seamos hermanos los uno de los otros.

Hágase tu voluntad para que cada quien haga el bien a los demás, para que cese la hipocresía y la maldad. Y que los cielos estén a ras de tierra y la tierra se levante hasta tocar el cielo. sin fronteras, en comunión plena de amor.

Danos nuestro pan de cada día, para que nos llegue a todos con equidad. Sin que unos pocos lo tengan todo y los demás no tengan nada. Sin derroches de unos y carencias de otros. Pan para saciar el hambre, vestido para cubrir el cuerpo, techo para protegerse de la interperie y educación para realizar los sueños.

Perdona nuestras ofensas y haz que perdonemos a los que nos ofenden. Pero, ojalá nadie sea ofendido. Sin embargo, haz que desterremos los odios y los renconres. Que sobre ellos florezca el perdón y el renacer de fe en nuestros semejantes. Haz, Señor, que el olvido cicatrice las heridas. Que hombro con hombro y de la mano, todos juntos iniciemos por fin, la ineludible tarea de hacer un país mejor, por el bien de nosotros mismos.

No nos deejes caer en la tentación de tomar lo que no nos pertenece. Líbranos del mal de la corrupción a todos los niveles de la vida nacional y en nuestra vida en particular. No importa cuán alto sea el ministerio o cuán ínfima sea nuestra labor. Haz que jamás volvamos a pisar la senda del descrédito, que jamás volvamos a caminar por senderos de estafas, y engaños.

Redime tu pueblo, no importa que hoy se haya dividido en católicos, cristianos, musulmanes, adventistas, integristas, islámicos, judíos, árabes, palestinos, kurdos, santos de los últimos días, catecúmenos, cursillistas, evangélicos, ateos y cuántas religiones habidas y por haber. No olvides que somos un sólo pueblo; no importa por cuáles caminos te busquemos. Sólo permítenos encontrarte. Encontrarte en el trabajo de cada día, en los desafíos y en los temores; en el bocado que nos llevamos a la boca, no importa que sea un pedazo de pan o de manjar delicioso; en las metas alcanzadas, sin importar las fatigas por llegar a ellas; en las alegrías y las tristezas. Permítenos, Señor, darte gracias por las oportunidad de estar aquí y ahora. Ojalá que así sea.

¿Quién dice Amén?


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