Nikkei Life

Archive for octubre 2007

He aprendido Historia Universal bajo el signo de las guerras. Conocí en los libros de textos una Alemania de horror, guiada por las ideas de un loco llamado Hitler.

El Archipiélago de Gulag gimiendo por la angustia de los desterrados en una Unión Soviética que hoy ni es unión y mucho menos soviética, pero que se tiñó con sangre de rusos y chechenos. Geografías de hambre, de ciudades destruídas. De fuego que arrasó culturas y exilió hombres y mujeres. Historias de torturas, de cuerpos apaleados hasta la muerte; geografías de cadáveres insepultos, de limpiezas étnicas. De bosnios y servios, musulmanes; rostros paralizados por el dolor y la persecusión.

Cada día he aprendido nuevos nombres, cada día consulto los mapas de la intolerancia. He contado hasta el infinito de los muertos, he buscado en cada río, cada valle, cada montaña, siguiendo las huellas de la sangre, buscando el rumbo de los misiles, de las balas. He marcado los puntos de asedio, he seguido la ruta de la huida que deja atrás el hogar, los afectos, los cuerpos mutilados, en ese instinto primario por escapar a esa orgía de sangre sin llegar a ningún lado.

Argelia ya no se mece en las caderas de sus bailes, ni nos llegan los sonidos armoniosos de sus cantos, ni sus velos encierran los misterios de unos ojos. Ahora nos llegan el odio, la violación y el degüello envueltos en un velo de integrismo rancio y trasnochado. Vietnam rasgó el silencio de sus selvas con el fuego del napalm y parió al mundo miles de mutilados invasores.  A los persas le quitaron el encanto de sus alfombras voladoras en una guerra televisada, e Israel cuenta su historia en una geografía de exterminio.

¡Y América, la postergada América, cuenta cada historia en una alucinada geografía de despojos, de rapiña, de indios errantes que arrastran su cruz y su calvario! Un hambre ancestral y una sed de justicia jamás saciadas que cubren desde las selvas amazónicas, los Andes, el altiplano, las pampas, el Titkal, las pirámides del Sol y la Luna, el Machu Picchu, que remonta el Río GRande hasta las reservas norteamericanas.

Europa supura sus odios étnicos y raciales por sus cabezas rapadas. Las islas del Pacífico tiritan amedrentadas por la amenaza nuclear. Y nosotros, para no quedarnos atrás, cada cierto tiempo aireamos con nuestro odio vecinal. Sacamos del bahúl de los recuerdos los fantasmas, los vestimos a la moda, y sus rostros salen en la televisión y los periódicos.

He aprendido una historia perversa, maligna y dolorosa. He caminado por la geografías de desolación, lágrimas, horror y luto.

Así he aprendido dónde está cada país, cuántas veces sus colinas, sus ríos, se han teñidos con la sangre. Cuántas veces sus mares violados y sus playas saqueadas por el invasor. Cuántas veces los cuerpos de otra raza fueron muertos, torturados hasta el exterminio. Aprendí nombres de guerreros, de hombres a fuerza bruta, montados en sus carros de fuego, dirigiendo legiones como mensajeros de la muerte: Atila, Patton, Stalin y hasta el mismo Napoleón…son sólo símbolos de guerra.

¡Ojálá me contaran otra historia! ¡Ojalá pudiera conocer otra geografía! Quizás un día, un viejo marino, les cuente a los niños de este mundo, de mares poblados de delfines y isrenas, les enseñe los lugares donde el sol se levanta más temprano, les hagas mapas con estrellas y les enseñe geografía con diversos caracoles. Les hable de la vida y la costumbres de otros pueblos. Con arenas de Sahara o de Gobi, sin fronteras y sin visas.

Un día en que la historia se escriba sin vergüenzas, sin velos, sin que el corazón se nos haga un nudo y enmudezcan las palabras. Una historia de recuerdos apacibles, sin voz baja, sin medias palabras. Una geografía para andarla con pie ligero, para recoger los acentos de las lenguas, que recoja los colores de las razas. Una historia concebida por todos en una noche de hermandad. Una geografia parida al color de todos, que cubra la tierra con una sonrisa en su rostro.

¡Ojalá un día podamos contar una historia nueva bajo el signo del respeto a las diferencias, bajo el signo de la tolñerancia! ¡Ojalá un día podamos tener una geografía donde se mezclen colores y razas, acentos y cantos, idiomas y manos, risas y esperanzas! ¡Ojalá muchas cosas sucedan un día para bien de toda la humanidad!

Día de la Raza

 Un abrazo a todos mis hermanos del mundo!

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Soy perdedora, me inscribo en ese bando, porque no califico dentro de los parámetros que hoy enmarcan los ganadores. No tengo jeepeta, i-phone, i-pod, cuentas en dólares, apartamento en Miami, ni parábola en el techo de mi casa. De hecho, sigue siendo de blocks y zinc, no está pintada y no tenemos aire acondicionado. Lo que gano en más de un trabajo que realizo, me alcanza para vivir modestamente. Sin embargo, duermo bien.

No he viajado a Europa, América del Sur o Medio Oriente; aunque sueño visitar esos lugares y tomar algún crucero por las islas griegas; visitar museos, lugares históricos, probar comidas exóticas y conocer gentes y culturas. Son sueños en que la imaginación me hace saborearlos y sentirlos en la espera de su realización. Sin embargo, disfruto mi país, me embeleso con los amaneceres y atardeceres; me gustan sus mares, sus montañas, sus ríos y sus flores.

No entiendo mucho de bolsas de valores, de balanza de pago, de neoliberalismo, de mercados de importaciones y exportaciones. Y no porque no me interese; es que eso se lo dejo a los expertos economistas que se diluyen los sesos en esos menesteres.  Pero me duele saber que suben los precios de las cosas imprescindibles para vivir, mientras los salarios permanecen iguales Que a muchos no les alcanza para el arroz, la carne, la leche, el colegio y el pago de la casa. También soy perdedora porque no aparezco en las revistas  sociales, ni uso vestidos, ni zapatos Dior ni Versace.

No soy la distinguida y prestigiada joven perfumada y bien vestida que asiste a todos los bonches de la capital. No asisto a tardes de té, pasarela de modas internacionales, ni soy VIP en conciertos importantes. Prefiero, arrimar el hombro, en silencio, a causa de los nobles sin tener que saludar o sonreír a quien no quiero. Me gusta, sin embargo, sonreír a la niña que quiere venderme sus flores en el semáforo de una populosa avenida. Perdedora, porque a mi mesa, no llegan los grandes banquetes y exóticos manjares; pero sí llegan los grandes amigos, los que comparten los panes y los peces, la risa y el llanto, los de apretón de manos y las solidarias palabras.

Tengo pocas cosas materiales. Pero no envidio a quien tiene lujos y riquezas. Los creo regalos de Dios. Dan bienestar, comodidad y satisfacciones. Dichosos y bienaventurados los que puedan adquirirlo. Siempre y cuando no esclavicen, siempre y cuando se disfruten sin la sombra de un dedo acusador. Soy una perdedora porque no alcanzo la vara con que hoy se mide a los ganadores.

Update: Disculpen los errores de digitación que cometí. Admito que no revisé el texto antes de publicarlo definitivamente. Gracias públicas a Chelu & Alfonso por las correcciones. 🙂

suicide1.jpg

Cada país tiene sus vainas: buenas y malas. En casa me tengo que aguantar un poquito, por eso de respeto y demás burocracia existente, pero aquí me voy a aprovechar para despotricar un poquito sobre la realidad de mi otro país.

Como algunos sabrán, por décimo año consecutivo, las cifras de muertos por suicidio en Japón sobrepasan los 30.000. El gobierno, aturdido por los acontecimientos, intenta aprobar nuevas leyes para su prevención, instando sobretodo a crear una conciencia social del problema en el que todos formen parte de la solución.

Estadísticamente hablando, el pasado año se quitaron la vida 32.552 japoneses, de los cuales la cifra de jóvenes entre 13 y 30 años iba en aumento. Datos escalofriantes, pero más inquietante es saber el por qué de esas muertes.

Según los expertos las causas son variadas: Desde graves problemas de salud de difícil solución a problemas económicos o disputas familiares. A estas tres grandes causas se les pueden añadir otros muchos factores que sobretodo evidencian la falta de “flexibilidad” de la sociedad japonesa, donde, por ejemplo, el sistema educativo es sobresaliente pero extremadamente competitivo o las jornadas de trabajo donde lo estresante no son las horas de trabajo (iguales a las de cualquier occidental) sino los grandes trayectos a realizar que conllevan en muchos casos vivir en la ciudad donde se trabaja y volver los fines de  semana con la esposa e hijos, o la separación casi total de la familia, creando graves conflictos. Esto, añadido a una juventud presionada y falta de valores crean futuros grupos de personas con tendencia a atentar contra su vida.

Así, deberíamos desterrar algunas leyendas urbanas que se suelen achacar a los suicidios japoneses como el pensar que la sociedad nipona sigue anclada en la mentalidad del suicidio = honor, típico del samurai feudal.

Con esto no quiero echar por el suelo la imagen que mis abuelos y mis padres me han mostrado, de un país trabajador y responsable, de personas honestas y entregadas…pero, como todo en la vida: No todo es color de rosas!

Fuente de Imágen & Estadísticas> http://www.theforeigner-japan.com

Buscando entre las cosas viejas que he escrito en mi diario virtual, me encontré con este Popurrí que a muchos de ustedes les gustó. En esta ocasión, me atreví a incluir varios blogs más, así que atención especial.

Quizás y su nombre aparezca en alguna de las líneas. 🙂 El link está AQUI.

tania.jpg 

¿Alguien la ha visto?

 No sé qué pasa conmigo. He perdido el rumbo de las cosas, mi norte se ha esfumado y no encuentro razón en medio de la turbulencia. Necesito una lucecita que me guíe por el camino correcto, una voz que me indique los pasos que debo seguir, una mano que me lleve por las vías de la felicidad. Necesito encontrarme con TANIA…una vez más!

Si la ves…dile que la ando buscando desesperadamente.


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