Nikkei Life

Archive for octubre 17th, 2007

Somos un país de grandes contrastes. Con lo pequeño que somos, tenemos de todo. Valles y montañas, ríos y mares, grandes edificios y chozas  pobrísimas. Blancos y negros, bosques y desiertos, todo en el pequeño espacio de media isla. Grandes adelantos en las comunicaciones y miles de analfabetos. Muchos abogados y poca justicia. Muchos médicos y más enfermos que no pueden pagar para sanarse. Máquinas de escribir Remingthon de cien años de edad y modernas laptop’s. Ese contraste nos hace dignos de estudio.

Pero lo quen más me llama la atención es una carreta tirada por un mulo, y dirigida por dos mozalbetes que venden naranjas o tierra negra, esperando que cambie la luz del semáforo, al lado de una lujosa jeepeta. Y no es que el de la jeepeta le lleve mucho a los infelices que llevan las riendas del mulo, ni que el mulo se diferencie mucho de unos y del otro. Es que la más avanzada tecnología convive, aquí, con el atraso de cientos de años.

Hay gente que a duras penas saben utilizar el único teléfono público en todo el campito, otros capturan bellos instantes y se divierten con tan solo apretar un botón de su celular. Gente que estudia en Yale, Harvard o quién sabe dónde, y otra que no sabe ni cómo escribir su nombre. Muchos no saben que el mundo cambia de fronteras y gobiernos a cada instante, y otros que nunca han visto crecer los árboles ni volar una mariposa.

Nada de esto hace ni mejor ni peor a los hombres y mujeres. No somos mejores por manejar el  internet, o peores por ser analfabetos. Los instrumentos de la civilización, ni los avances de las ciencias, no siempre han estado en buenas manos. Sin embargo, me llama la atención que en nuestro país, con tanto despliegue de avances tecnológicos, conviva a su lado, en silencio, sin perturbar, el más absurdo atraso. Que junto al alarde de derroche esté la más triste carencia. Alguien dirá que todos no somos iguales. Es cierto. Cada quien tiene sus potenciales y los explota, y maneja a su conveniencia. Que muchos no tienen ni la fortaleza ni el empuje de otros. Es cierto, pero estrechar ese abismo, esa brecha, no está de más.

Como un retrato de Dorian Gray, que nos contradice constantemente. Un juego que puede ser peligroso, si no tiene reglas claras y precisas. Quizás eso suceda en todos los países del planeta, pero cuando ese juego de espejos no tienen la posibilidad de acuerdos, respuestas y lenguaje claro, puede filtrar una sombra que empañe todos los reflejos. Parece como si viviéramos de frente a muchas cosas y de espaldas a otras, que por no darle el frente
sean menos importantes.

Como si habláramos un idioma y un dialecto que no tienen entendimiento alguno. Como si existiera un enorme agujero negro que nos impide llegar uno a los otros. Unos extremos que jamás se tocan, y cuando lo hacen son una eterna paradoja. ¿Hasta cuándos seguiremos viviendo en este contrapunto?

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