Nikkei Life

Archive for junio 29th, 2007

Ya he escrito sobre mis abuelitos, en varios posts anteriores como éste y su continuación, esta.   

3 de Junio de 1958, Kiyoshi deja atrás a su querido país. Junto a él, su leal esposa, Toyoko; sus cuatro pequeños hijos: Takashi, Sanae, Satoshi y Takeshi; y su suegra, Naka. Los siete zarparon del Puerto de Yokohama, con sus maletas cargadas de sueños y de speranzas, en búsqueda de una vida mejor. Su rumbo, una isla totalmente desconocida, al otro lado del mundo. 

Tras 26 largos días en alta mar, dejando atrás el pacífico, cruzando por el Canal de Panamá y finalmente adentrándose al Mar Caribe, llegaron a Ciudad Trujillo. Luego de dos días fueron trasladados al campito de Agua Negra, Pedernales. 

Una vez establecidos, Kiyoshi y Toyoko cayeron en cuenta que el paraíso prometido, no fue más que una vil propaganda. Vaya desilusión! La finca cafetalera de la que tantas veces le hablaron en su natal Japón, no fue más que un pedregal. Ese fue simplemente el inicio de décadas de sacrificio y de arduo trabajo. Y es que enfrentarse a un país totalmente diferente, no es nada fácil. Mucho más teniendo en cuenta que no tenían lugar a dónde regresar, puesto que vendieron todo cuanto tenían para poder pagar las deudas, y así venir limpios, dispuesto a echar pa’lante en el “Paraíso del Caribe”. 

Pese a la tristeza, la frustración y la incertidumbre, Kiyoshi se armó de valor y buscó la forma de vencer esos problemas. Nada fácil, pero tenía a su lado a aquella mujer que lo esperó impaciente mientras él combatía en la 2da. Guerra Mundial, la misma mujer que lo conviritió en padre de cuatro niños, y la misma mujer que lo había apoyado tantas veces sin quejas ni lamentos. Qué mejor motivación que esa: Su Familia. 

Así fue como dejó atrás a ese pequeño poblado y se trasladó al norte, a Dajabón. Y pese a los problemas que nuevamente aparecieron ante su camino, Kiyoshi y su familia, no se rindieron. Trabajaron arduamente más que cualquier jornalero, desde muy temprano en la mañana hasta más allá de la puesta de sol. Y mientras veían como su trabajo daba el fruto deseado, también se sintieron realizados como padres cuando sus hijos, uno a uno, abandonaban la casa para formar su propio hogar. 

Han pasado muchos años ya. Kiyoshi, Toyoko y Naka descansan en paz. Los tres juntos, uno al lado del otro en el Panteón Japonés….juntos como aquél junio del 58. Sus cuatro hijos han crecido y han formado su propia familia, a excepción de uno, quién por azares de la vida, se dedicó a su hermana y a dos de sus sobrinos. Hoy, la pequeña familia de 7 miembros ha crecido a 35, incluyendo un varoncito que viene en camino.  Sé que en lo adelante encontraremos dificultades, pero estoy segura de que podremos vencerlos, pues tenemos en nuestras manos la mejor de nuestras armas: el Amor. Amor al trabajo y amor a la familia, ambas cosas que abuelito nos supo enseñar.

Este es un post especial en conmemoración del 49mo. Aniversario de la llegada de la Familia Mukai al país. También, es un homenaje a mis abuelos, Kiyoshi y Toyoko por ese maravilloso ejemplo de trabajo y dedicación, de entrega y sacrificio, de amor y de cariño. Agradecerles a ELLOS y ELLAS por formar parte de mi vida y por ese lazo que nos unirá por siempre. Mi sentir hacia ustedes va más allá de la lógica y de la percepción, es algo indescriptible que solo se comprende con un bello mensaje de corazón a corazón.  

P.S. – Ah! Qué linda familia esta que Dios me ha dado!!!

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