Nikkei Life

Kilos de aprendizaje 1

Posted on: 2007/06/22

Hoy en día, me describo como una persona alegre y extrovertida, pero hasta hace varios años era todo lo contrario. Creo que esta es la primera vez que escribo sobre esta etapa oscura, por así decirlo, de mi vida.

Desde chiquita he sido gordita por problemas hormonales. En los primeros años del colegio, no significaba grandes problemas para mí. Las niñas jugaban conmigo, los niños me hablaban y pues todo transcurría normalmente. Sin embargo, es a partir de cuarto grado (8 años) cuando comencé a tener problemas de rechazo por parte de mis compañeros de clases, principalmente. Ya no querían jugar conmigo, como solían hacerlo antes. Nadie quería entrarme a su grupo porque si lo hacían, caían -en riesgo de perder o ser la burla de todos los demás.  Como no quería ser carga para los otros, dejé de salir a jugar, incluso en recesos. El único momento en que salía al patio era en clases de Eduación Física, y no por gusto, sino por obligación.

Estando en quinto bajé de calificaciones. La enfermedad de mami sumada a esta situación, me habían desconcentrado tanto que perdí mis “honores” como estudiante meritoria. Alguien comentó en el curso: “De seguro se la pasó comiendo tanto que se le olvidó estudiar”. Esas palabras se clavaron directico en mi corazón como si fuera una daga. Decidí que si la comida iba a ser un estorbo para mis estudios, pues mejor no comía y punto. Claro, no me salió la jugada. Abue supervisaba mi alimentación, porque si dejaba de comer o comía más de la cuenta, caía en crisis y era peor la cosa. Me sentí impotente, al ver que no podía adelgazar para que me aceptaran.

Estando confundida y algo desesperada porque no me sentía aceptada dentro del grupo; una de las chicas del curso se acercó y me dijo:

-“Oye, si quieres podemos ser amigas.”

-“no… está bien. No te quiero causar problemas”.

– Qué va! Lo único que tienes que hacer es subir las notas y listo!

– ¿De veras?

Claro. Así que sigue estudiando para que saques 90 en la próxima.

Me sentí bien. Hacía mucho que nadie me hablaba. Y con mi inocencia infantil, pues me puse las pilas. Busqué libros de mi hermano (de bachillerato!) y me ponía a estudiarlos. Los 70 y 75 subieron vertiginosamente a 95 y más. Los profesores estaban contentos, los chicos sorprendidos y yo, feliz de la vida. Por primera vez en mucho tiempo me habían vuelto a hablar y ese era la mejor recompensa para mí.

Pensaba que ellos finalmente habían visto que era agradable y que por eso habían cambiado de opinión. Así que como no iba a permitir que me rechazaran de nuevo, seguía estudiando y estudiando, más de lo necesario para mantener mis califiaciones bien altas. Tanto así que casi ni dormía por estar leyendo tantas cosas, resolviendo problemas de álgebra y trigonometría (apenas en 6to!), tratando de “asegurar mi aceptación”. Pero todo tiene un límite y mi cuerpo no resistió tantos desvelos, y especialmente a tan corta edad. Comenzaron a darme mareos repentinos, y muchos dolores de cabeza. Y antes de que mi familia se alarmara decidí bajar la dosis de “estudios”. Pensé que TODO estaba bajo control.

Estando en las últimas semanas de 7mo, las cosas comenzaron a cambiar. Noté que el curso se había separado en dos grupos. Sentía como si estuviera en el medio de un campo de batalla. Un día harta de esa situación me desesperé y les pregunté qué rayos estaba pasando. Marianela, compañera del coro escolar y también rival de calificaciones, se paró y me dijo:

-Defendiendote…simplemente.

– ¿ a mí? ¿Por qué?

 

¿Acaso no te has dado cuenta de lo que están haciendo contigo?

¿Estás loca? Pero si todos me tratan bien, ya me buscan y me hablan.

Tania, piensa bien. ¿Cuándo es que más te buscan? A fin de mes, supongo. Justamente para los exámenes mensuales. Y de seguro se van toditos a tu casa cuando se acercan los finales…

(Pensé un rato) ….. pos sí…..

Ese es el problema. Estos desgraciados (señalando al grupito) simplemente te están usando para pasar sus materias porque son unos vagos que no hacen nada. Se están burlando de ti, ellos no saben ser amigos. Nosotros teníamos miedo al principio, pero ya no somos tan niños y esto no se vale. Porfavor, abre los ojos y no te dejes engañar.

Un buen grupo se paró detrás de ella en señal de apoyo. Todos con sus caras serias. Nadie estaba bromeando, incluso el más travieso del curso. No podía creerlo…no podía. Pero, los miré. Miré a los “acusados” y les reclamé:

-¿ Por qué a mí?

– Jajaja! Porque eres una gorda fea y lo único bueno que tienes es tu cerebro. Más nada. Pero estos mmg nos dañaron el jueguito…

Esa fue la gota que derramó el vaso. Ya no podía soportar más. Salí corriendo del salón sin importar que aún no habían tocado el timbre. Me encerré en el baño….lloré y lloré… hasta que los ojos se me hincharon y la garganta se me irritó. Hasta que no hubo una lágrima más…lloré. No sé cuántos minutos habían transcurrido, ya me dolía la cabeza, salí a lavarme la cara… Vaya sorpresa para mí! Ahí estaban casi todas las chicas del grupo, algunas llorando, algunas abrazadas, otras simplemente paradas… las miré y volví a llorar… aquello fue un mar de lágrimas. Nadie dijo nada, todas en silencio, solamente miradas… de repente una de ellas me abrazó y todas se unieron… volví a llorar, pero creo que ese último fue por algo diferente.

La semana siguiente eran los exámenes finales. Para olvidar un poco la situación me sumergí entre los libros y los cuadernos, quizás para buscar un poco de quietud dentro de tanta confusión. Las dos semanas transcurrieron rápidamente. Nuevamente liberé, como de costumbre. Casi todos lo hicieron…a excepción del grupito aquél. El día de las entregas de calificaciones fue especial, nuevamente me premiaron junto con Marianela y otra chica más. Recuerdo que las tres nos abrazamos y sonreímos para la foto. Marian me susurró: “Hay una sorpresita pa´ti”. La miré y ella simplemente sonrió. Luego de ir al curso a despedirnos de la profe, los chicos vinieron y me tomaron la mano..

-¡Vamos a celebrar! Todos liberamos y la Japonesita ya no tendrá que llorar más.

-Vamos!- gritaron todos.

No pude evitar sonreír y contestarle: -Yupi! Vamos pa’la heladería!

Junio 1999 – Pensé que la odisea había terminado. Quién diría que un mes después todo empeoraría.

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8 comentarios to "Kilos de aprendizaje 1"

te dire k casi lloro al leer esta historia, sabes yo tambien desde niña tengo sobrepeso, y te comprendo los niños son muy crueles, no se fijan en el daño k logran con sus palabras aun de adultos lo siguen asiendo, pero k va, nadie tiene derecho al lastimarte de esa manera… y me enoja ese tipo de comentarios tontos… k bueno k compartiste esta etapa de tu vida….

seguimos pendiente…

Un abrazo

Tambien casi lloro. Muy hermosa tu historia y aun mas la accion asumida por tus compañeras, que se arrepintieron de lo hecho.

Pero… que paso despues ???

Quedé muy conmovida con tu relato. Gracias por compartir tu historia con nosotros, por demostrar con ella que cuando se quiere se puede!

=D

Me encantó la historia… Muchas veces pasamos por mucho en el colegio… Espero a la próxima!!

Yo mas o menos te entiendo, porque yo sufri de obesidad mientras estaba en el colegio, y muchas veces sufri el rechazo

Se me aguaron los ojos prima al leer tu post. A mi me rechazaban por manganzona, por lenta. De repente revivi esos momentos. Espero el proximo!!

[…] Junio 23, 2007 at 12:12 am | In Vivencias, Reflexiones, Sentimientos | Si no has leído la Parte 1. No esperes […]

que emotivo relato, wow cuantas cosas tuviste que pasar, caramba hay que ver que podemos ser malos con coj.

un abrazo!

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