Nikkei Life

Archive for febrero 22nd, 2007

Anoche llegué a mi casa de costumbre, pasadas las 10 de la noche. No es nada raro en mí, tomando en cuenta que tengo dos trabajos y las “benditas” clases de la universidad. Luego de pasarme horas sentada, leyendo pura gramática francesa y escuchando fonética inglesa, cualquiera se cansa. Cuando entré a la casa, vaya sorpresa para mí. Me encuentro una joven mujer sentada sentada en la sala, esperaba por mi regreso. Por un momento pensé que era una de las tantas que vienen a pedirme que les ayude con las clases porque están “flojas”. Pero al mirarla fijamente, noté que su rostro me parecía un tanto familiar.

-“Hola Tania, te acuerdas de mí?”
-“Disculpa, pero no. ¿Nos conocemos?”
-“Podría decirse que sí. Estudiabamos juntas hasta el 8vo. Soy M.E.”.

Recordé quién era. ME, la causante de mis múltiples problemas de adaptación en el colegio. Aquella que se burlaba por mi aspecto físico y la que siempre me comparaba con las ballenas, los elefantes y los cerdos. La misma chica que le prohibió al curso entero que me dirigiera la palabra. Ya había empezado a olvidar esos momentos difíciles, y de repente aparece. Me sentí perdida, no econtraba la razón de su presencia.

-“¿Qué quieres?”
-“Vine a pedirte perdón. Han pasado muchas cosas y he cambiado. Sé que te hice mucho daño, que por mis rechazos sufriste mucho. Solo vine a entregarte esta carta. Quiero que la leas. Y que algún día, me puedas perdonar. Ya me voy. Espero que seas feliz, te lo mereces.”

 

No me dejó hablar, me dio un abrazo y se marchó. Mis padres observaban la escena con cara de asombro, mientras mi mano sostenía aquél sobre blanco. Me encerré en mi habitación y leí la carta. Resumió los últimos siete años de su vida, en tres hojas y media. Todo lo que le ha sucedido desde enero del 2000. Escribió de sus cinco hijos, de los hombres que ha tenido, de la enfermadad que tiene y de lo triste que se siente. En las últimas líneas me “dijo” cómo aprendió a la mala lo triste que es ser rechazada, me pidió me perdón y me deseó lo mejor.

Todavía no puedo creerlo. La chica que en aquellos años me ofendía con sus palabras, hoy tiene cinco niños y está infectada con el VIH/SIDA. Qué lastima, pero cada quien cosecha lo que siembra.

No soy rencorosa, pero pensaba que el olvido era igual al perdón. M., me demostró que no es así. No sé que sucederá con ella, pero donde quiera que vaya, oraré por ella y sus niños. Espero en Dios que sus últimos momentos esten llenos de paz y tranquilidad.

M., estás PERDONADA!

Anoche llegué a mi casa de costumbre, pasadas las 10 de la noche. No es nada raro en mí, tomando en cuenta que tengo dos trabajos y las “benditas” clases de la universidad. Luego de pasarme horas sentada, leyendo pura gramática francesa y escuchando fonética inglesa, cualquiera se cansa. Cuando entré a la casa, vaya sorpresa para mí. Me encuentro una joven mujer sentada sentada en la sala, esperaba por mi regreso. Por un momento pensé que era una de las tantas que vienen a pedirme que les ayude con las clases porque están “flojas”. Pero al mirarla fijamente, noté que su rostro me parecía un tanto familiar.

-“Hola Tania, te acuerdas de mí?”
-“Disculpa, pero no. ¿Nos conocemos?”
-“Podría decirse que sí. Estudiabamos juntas hasta el 8vo. Soy M.E.”.
Recordé quién era. ME, la causante de mis múltiples problemas de adaptación en el colegio. Aquella que se burlaba por mi aspecto físico y la que siempre me comparaba con las ballenas, los elefantes y los cerdos. La misma chica que le prohibió al curso entero que me dirigiera la palabra. Ya había empezado a olvidar esos momentos difíciles, y de repente aparece. Me sentí perdida, no econtraba la razón de su presencia.
-“¿Qué quieres?”
-“Vine a pedirte perdón. Han pasado muchas cosas y he cambiado. Sé que te hice mucho daño, que por mis rechazos sufriste mucho. Solo vine a entregarte esta carta. Quiero que la leas. Y que algún día, me puedas perdonar. Ya me voy. Espero que seas feliz, te lo mereces.”
No me dejó hablar, me dio un abrazo y se marchó. Mis padres observaban la escena con cara de asombro, mientras mi mano sostenía aquél sobre blanco. Me encerré en mi habitación y leí la carta. Resumió los últimos siete años de su vida, en tres hojas y media. Todo lo que le ha sucedido desde enero del 2000. Escribió de sus cinco hijos, de los hombres que ha tenido, de la enfermadad que tiene y de lo triste que se siente. En las últimas líneas me “dijo” cómo aprendió a la mala lo triste que es ser rechazada, me pidió me perdón y me deseó lo mejor.
Todavía no puedo creerlo. La chica que en aquellos años me ofendía con sus palabras, hoy tiene cinco niños y está infectada con el VIH/SIDA. Qué lastima, pero cada quien cosecha lo que siembra.
No soy rencorosa, pero pensaba que el olvido era igual al perdón. M., me demostró que no es así. No sé que sucederá con ella, pero donde quiera que vaya, oraré por ella y sus niños. Espero en Dios que sus últimos momentos esten llenos de paz y tranquilidad.
M., estás PERDONADA!

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