Nikkei Life

Archive for febrero 12th, 2007

Hoy es lunes 12 de febrero. Si aún estuviera con vida, mi abuela Toyoko cumpliría sus 89 años. Durante quince años de mi vida, tuve el enorme privilegio de compartir con ella bajo el mismo techo y recibir de su parte mimos, cariños y sobretodo, el más enriquecedor de los ejemplos.

Ejemplo de trabajo, entrega y amor a la vida que de seguro me acompañarán hasta el último día de mi existir. Pese a todas las visicitudes que pudo haber tenido, nunca dejó de sonreír. Sin importar la terrible enfermedad que la acogió al final de su recorrido, luchó sin descansar. Cuando su corazón se detuvo, su rostro reflejaba paz y tranquilidad.

Todos los que hemos tenido la dicha de compartir con nuestros abuelos somos bendecidos en gran manera. Sin embargo, es penoso saber que muchos jóvenes enfocan su tiempo y energía en otras actividades que bien podrían realizarse luego de sentarse a charlar con sus abuelos. Tienen suficiente “Minutos” para enviar SMS a sus panitas, pero ni siquiera un centavo, para llamar a sus viejitos que viven lejos. Evaden esos minutos de oro, con la excusa de que son anticuados y no saben absolutamente nada de la vida. ¡Qué ironía!

Me entristece saber que cada vez más y más envejecientes reciben la muerte a solas, sin nadie que los acompañe en sus últimos instantes. Se despiden de la vida llevándose a la tumba una enorme colección de conocimientos y experiencias, que lamentablemente nadie podrá ponerlos en práctica.

Ojalá y podamos aprender a reorganizar nuestras apretadas agendas, que podamos iniciar una relación más estrecha y duradera con cada uno de los nuestros. Es el momento preciso de hacer algo por tí y para otros, no vaya a ser que mañana sea demasiado tarde…

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Hoy es lunes 12 de febrero. Si aún estuviera con vida, mi abuela Toyoko cumpliría sus 89 años. Durante quince años de mi vida, tuve el enorme privilegio de compartir con ella bajo el mismo techo y recibir de su parte mimos, cariños y sobretodo, el más enriquecedor de los ejemplos. Ejemplo de trabajo, entrega y amor a la vida que de seguro me acompañarán hasta el último día de mi existir. Pese a todas las visicitudes que pudo haber tenido, nunca dejó de sonreír. Sin importar la terrible enfermedad que la acogió al final de su recorrido, luchó sin descansar. Cuando su corazón se detuvo, su rostro reflejaba paz y tranquilidad.

Todos los que hemos tenido la dicha de compartir con nuestros abuelos somos bendecidos en gran manera. Sin embargo, es penoso saber que muchos jóvenes enfocan su tiempo y energía en otras actividades que bien podrían realizarse luego de sentarse a charlar con sus abuelos. Tienen suficiente “Minutos” para enviar SMS a sus panitas, pero ni siquiera un centavo, para llamar a sus viejitos que viven lejos. Evaden esos minutos de oro, con la excusa de que son anticuados y no saben absolutamente nada de la vida. ¡Qué ironía!

Me entristece saber que cada vez más y más envejecientes reciben la muerte a solas, sin nadie que los acompañe en sus últimos instantes. Se despiden de la vida llevándose a la tumba una enorme colección de conocimientos y experiencias, que lamentablemente nadie podrá ponerlos en práctica.

Ojalá y podamos aprender a reorganizar nuestras apretadas agendas, que podamos iniciar una relación más estrecha y duradera con cada uno de los nuestros. Es el momento preciso de hacer algo por tí y para otros, no vaya a ser que mañana sea demasiado tarde…

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