… por escucharme cuando más lo necesité, a pesar de repetir las mismas problemáticas una y otra vez.
… por dejarme llorar frente a ti al sentir que mis fuerzas se acabarían.
… por extender tu mano y decirme sin palabras que “Dios está ahí”.
… por tu mirada genuina, por tus letras, por tu sonrisa, por los abrazos y los hombros en los que descansé una y otra vez.
… por iluminar mis pasos con esa hermosa luz que posee tu corazón.
… por mostrarme una vez más que la amistad rompe todas las barreras habidas y por haber.
… por confirmarme una vez más lo privilegiada que soy en poder llamarte AMIGO/A.
“A todos/as mis héroes silentes, ángeles terrenales, hermanos del tiempo y compañeros virtuales… a ustedes que han acompañado y velado mi caminar a partir de Enero 2009, momento en el cual mi vida cambió con un antes y un después. Gracias por estar y permanecer. ¡Bendiciones!”
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