Ser madre es la bendición más grande que pueda tener una mujer en su vida, al menos eso considero. A excepción de ciertas feministas que abogan por la realización profesional como el único y principal objetivo de la mujer, puedo decir que todas soñamos con procrear y formar nuestra propia familia.
Sin embargo, el cuadro de la familia feliz no se da en todos los casos por múltiples razones. Un hombre sinvergüenza que no acepta su responsabilidad, separación, y la misma muerte pueden convertir la hermosa bendición en una tarea difícil, más difícil de lo que de por sí es.
Cuando quedé embarazada, mi principal preocupación era precisamente cómo enfrentar el dilema de formar parte de la extensa lista de madres solteras. De por sí saber que una pequeña vida crece dentro de tu vientre, un ser que eventualmente nacerá y demandará muchísimo -emocional y materialmente- hace temblar hasta la más “jembras” de todas las mujeres. ¿Podré yo con la situación? ¿Cómo le explicaré que su padre no vive con nosotros? … esas y muchas otras preguntas estuvieron en mi mente todos los días, incluso hasta el día de hoy.
Gracias a Dios, mi caso no es tan crítico como otros. A diferencia de lo que sucedió conmigo, Hiroshi crecerá conociendo sus dos familias. Ya desde pequeño recibe los mimos de sus dos abuelas y en lo que respecta a las necesidades de él no tengo razón alguna para quejarme puesto que han estado atentos y al tanto de todo.
Justamente ayer, estaba conversando con una amiga -madre soltera también- sobre cómo ha enfrentado la situación puesto que lleva diez años en esta difícil tarea. Simplemente atinó a contestarme lo siguiente: “Ser madre soltera es un riesgo, sea por elección o por infortunios de la vida. Pero lo más importante es brindarle todo tu amor a tu bebé, que no fue consultado ni pudo decidir estar en este mundo. Ama a tu bebé, y ello redundará en un niño saludable y feliz a pesar de las dificultades que puedas encontrar en el camino. Créeme, es difícil, pero se puede.”
Realmente hablamos de muchos aspectos relacionados con la maternidad, sobre los gastos -no simplemente económicos-, la misma exigencia emocional y un sinfín de asuntitos que mejor iré posteando ocasionalmente a modo de temas separados para que sea más digerible el asunto. Así que… ¿Nos leemos en la próxima ocasión?
P.S. – De ñapa, como diríamos los criollos, una muestra de cómo va Hiroshi Alejandro en sus 2 meses y medio.
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